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¡Yo también!

Emilio Bruce ebjreproduccion@gmail.com | Viernes 20 agosto, 2021


Sinceramente

Durante décadas las cariñosas madres costarricenses, queriendo motivar a sus hijos a la excelencia, les señalaban desde la cuna…vas a ser presidente de Costa Rica. Eran los días de don Cleto González Víquez y de don Ricardo Jiménez Oreamuno cuando su ejemplo llegó a ser excelso y sus actos llenos de moralidad y amor patrio llevaron a esas madres a desearle a sus hijos emular a aquellas grandes figuras, próceres ejemplo de generaciones. Pareciera que muchos, muchos se lo creyeron y confundiendo la motivación maternal con la realidad y la conveniencia, tomaron la decisión de ser literales en la exhortación al pie de cuna.

En esta próxima elección podría el país tener una papeleta presidencial de unos 29 o 30 candidatos, ya son 23 los inscritos. Todos parecen seguir el consejo y los buenos deseos maternos, aunque no tengan las condiciones personales de conocimiento, de experiencia, de madurez, de liderazgo ni de capacidad para ello. Todos tienen su círculo de admiradores y de aduladores susurrándoles al oído y también a viva voz que ellos son los escogidos, que ellos son los ideales. La papeleta, que ya es una verdadera sábana de papel coloreado de banderas desconocidas y rostros variopintos, servirá el primer domingo de febrero de 2022 para votar en la primera ronda. Digo la primera ya que con esa variedad y dispersión de preferencias, posiciones y vanidades la segunda ronda será casi que inevitable. Ese parece ser un designio estratégico deliberado de quienes desean efectos especiales en la segunda ronda. Los estrategas de la izquierda han empujado con fuerza esa multiplicidad de partidos y de nombres, ellos bien saben que otros países que llegaron a situaciones extremas siguieron esa trágica ruta. Divide y vencerás.

Con tres o cuatro partidos de corte liberal es claro que ninguno elegirá presidente y que probablemente los diputados electos por ellos se cuenten con los dedos de una mano. En el pasado ha quedado la bancada numerosa de uno de ellos. Eran los días en los que siguieron en su estrategia el primer principio, así acuñado por Alejandro el Grande en la Batalla de Gaugamela: “concentración máxima en el punto mínimo para lograr el máximo efecto”.

La dispersión terminará por acabar con toda posibilidad de elegir a alguna persona de ideas liberales como las que esas numerosas agrupaciones sostienen. Ninguno de ellos es ingenuo o ignorante y esa decisión de dispersarse es totalmente consciente. Todos son estudiados y saben que entre más partidos menos concentración y así el efecto será mínimo con toda seguridad, pero siguen en sus designios. Es la danza de las vanidades. Es la danza de los egos. Es la papeleta de los imposibles. Así como los toros en el ruedo inclinan la cabeza y preparan los cuernos para embestir el capote, un distractor para que no cornee al torero o alcance el objetivo electoral de ser significativo electoralmente, así se preparan todos ellos.

Espejismos, ilusiones, vanidades, egos, figuración, sacar el pecho como una paloma y que al país lo parta un rayo. Ya son 23, podrían llegar a 30 candidatos. Ni siquiera podrán tener un miembro en cada mesa de votación o fiscales o fiscales generales en todas las escuelas. Lo saben y perseveran como los perros de las praderas que se suicidan colectivamente.

Con la social democracia no existe una posición diferente. Varios partidos como el PAC, el PLN y el Partido Social Democrático dicen ser socialdemócratas y buscan ellos ser quienes personifiquen esa ideología. Muchos de ellos creen que la socialdemocracia es sinónimo de estatización y de intervención estatal y de crecimiento del aparato público como lo fue en los años 50s, 60s e incluso en los 70s. Todo cambió, el mundo y la socialdemocracia también. Los nostálgicos se aferran a las herramientas y no a los principios. ¡Se van a llevar una sorpresa enorme! Solo para tenerlo presente les recuerdo que los impuestos alcanzan para pagar el 45% del presupuesto nacional y que el 55% del mismo se paga con deudas y que la capacidad de endeudamiento del país se agota. O sea que los sueños de crecer el estado, crear más instituciones autónomas, conservar las que dejaron de ser útiles al país, los sueños de otorgar más privilegios a los altos empleados públicos, los deseos de más pensiones de lujo, mejores sueldos a profesores y a jerarcas, más gasto y más gasto están en la cola de un vendo a plena carrera en estampida. Si se aumentan los impuestos sobre las empresas se irán del país.

Los partidos socialcristianos sufren del mismo contagio y de la misma enfermedad de la dispersión y de su desmembramiento han surgido muchos de los partidos de corte liberal.

Pobre Costa Rica con este panorama. No nos engañemos el mismo es consecuencia de la pasividad de los ciudadanos que no se incorporan en un partido, no participan en los planteamientos, la designación de candidatos, en la forja del país. Con mucho pegan banderas unas semanas cada cuatro años y como rebaño dejan que otros decidan sobre quiénes deben de ser candidatos y cuáles ideas deben de exponerse en campaña, aunque sean irrealizables. Eso sí, electo el presidente o electos los diputados no cesarán de criticar por cuatro años, desgarrándose las vestiduras y demostrando en redes sociales que ellos no son responsables de dichas malas decisiones tomadas.

La democracia se debe de fortalecer cada día. Se fortalece con una opinión valiosa. Se fortalece con el ejemplo de vida. Se forja con la participación partidaria desde la base misma de los procesos. Se culmina con el voto cada primer domingo de febrero de cada cuatro años. Y se mantiene una vez electas las autoridades colaborando con ellas para que su éxito sea total ya que el éxito de los elegidos es el de los costarricenses.

Grande es la tarea por delante para retomar una senda de seriedad, de decisiones correctas, de sociedad unida en torno a un propósito, o sea el progreso nacional para todos. Grande es el esfuerzo por delante, gane quien gane, por bueno o por malo que sea el designado. Largo es el camino a la maduración cívica de nuestra sociedad para retomar el vuelo supremo de la eterna Costa Rica democrática. Esta dispersión de partidos, candidatos a presidente y a diputados la siento como un ominoso síntoma de la decadencia de la democracia costarricense, de la desaparición del sentido común y de la sensatez entre nosotros, así como de la credibilidad y el liderazgo político dentro de nuestra sociedad, espero estar equivocado.

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