David Gutierrez

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Martes 7 Febrero, 2012


¿Y los recursos por abolir el ejército?


El 1° de diciembre de 1948 don José Figueres Ferrer decretó la abolición del ejército en nuestro país. Durante estos casi 64 años sin ejército, el país ha gozado de una gran estabilidad democrática y fortaleza institucional. Además de ser la decisión más importante que se ha tomado en la Costa Rica moderna, se le dio una de las mayores lecciones de civismo y paz al mundo entero.
Gracias al ahorro de enormes recursos al no comprar tanques o armas, se desarrollaron sistemas de salud y educación que han sido ejemplares en América Latina y también en el resto del mundo.
El nivel de gasto militar de muchos países es enorme. Por ejemplo: Omán gasta un 11,40% del PIB, Israel un 7,30%, y Estados Unidos un 4,06%. En la región, Colombia gasta un 3,4% y Chile un 2,6%. Los países centroamericanos gastan menos, entre 1% y 1,5%.
Sin embargo, en todos esos países están gastando dinero en algo que Costa Rica no hace. ¿Qué hacemos hoy día con ese dinero que no gastamos en armas?
En años recientes hemos visto cómo se ha resquebrajado la calidad de servicio y la salud financiera de instituciones tan importantes como la seguridad social, las mismas que nos permitieron llegar donde estamos hoy.
Esto pone en peligro los logros alcanzados en esta materia y además nos puede llevar a retroceder en lugar de mejorar.
Por otro lado, también la infraestructura viene deteriorándose de forma acelerada en los años recientes, lo que hace peligrar la calidad de vida, la seguridad y aspectos relevantes de nuestra economía como son las exportaciones y el turismo.

Si en las últimas dos décadas la inversión en infraestructura, salud y seguridad ha sido casi inexistente, ¿en qué hemos invertido los recursos que no usamos en armas y en tanques?
¿Será que los hemos gastado en gollerías y en prebendas para ciertos sectores y gremios?
¿Será que la norma cada vez más generalizada es trabajar poco, ganar bien, no ser medido por resultados, gozar de impunidad o reinstalación judicial en el puesto ante actos de corrupción o de negligencia?
¿Será que la norma es que además de ganar bien, se goza de mejores pensiones dentro de un sistema absolutamente disparejo?
Tristemente, la respuesta pareciera ser afirmativa. Peor aún, pareciera que hemos usado ese “dinero extra” que no gastamos en armas, en esas prebendas.
¿Por qué no ha mejorado la calidad de los servicios públicos?
¿Será que el Estado cuenta con menos ingresos? No necesariamente, pero al parecer los gasta mucho más ineficientemente por dar concesiones a distintos grupos que presionan de forma indebida, entre otros.
Estamos de acuerdo en que se necesitan más ingresos para el Estado y, en lo sustancial, se debe aprobar la ley pendiente en la Asamblea Legislativa.
Pero urge un análisis detallado del gasto presupuestado, que permita hacer las reformas necesarias y evitar mayores cargas fiscales sobre el ya exprimido sector privado que junto con el desmejoramiento en la competitividad del país termina siempre pagando la fiesta.

David Gutiérrez
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