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¿Y todo es culpa de la crisis?

Felipe Brenes P.
Finance Consulting Group
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Ya es normal escuchar en las noticias de todos los días sobre empresas que realizan importantes despidos de personal, siendo la única explicación de esa decisión “la crisis actual”.
Para el sector privado, si bien la faena no ha sido fácil, no dejo de pensar que los recortes de recurso humano que han anunciado algunas empresas no solo se debe a la situación actual, sino a una falta de planeamiento en los últimos años, en los que el crecimiento general que se experimentó permitía descuidar la eficiencia con la que se realizan los procesos y, ahora, “la crisis” les da un argumento válido y poco cuestionable para realizar esa reestructuración operativa, que se vuelve tan necesaria.
Hasta en el ámbito personal ha sido posible ver a muchas personas permitirse la adquisición de bienes duraderos o suntuosos, por medio de las facilidades crediticias que se ofrecieron en los últimos años, en los que el nivel de las tasas de interés nos dejaron ser temporalmente mejores sujetos de crédito, pero que al igual que las empresas, el cambio en las variables los ha obligado a replantear su estructura de gasto.
Claro que existen sectores que son sumamente sensibles a una desaceleración y que responden de manera inmediata a una disminución en la demanda de sus productos o servicios. Y tal vez esas mismas empresas fueron las que primero tuvieron que verse en la necesidad de recortar personal, y que de no hacerlo su perspectiva de largo plazo sería muy oscura, o más oscura, tal vez.
Al final, no podemos pretender que las condiciones de turbulencia actual no nos van a afectar. Pero tanto las empresas como las personas tenemos que aprender a incorporar dentro de nuestro planeamiento un factor de largo plazo, en el que debemos ser conscientes de incorporar escenarios como los que vivimos actualmente, para enfrentarlos de la mejor manera posible cuando se vuelvan a presentar.
Sin duda alguna, las economías del mundo se han visto afectadas, lo que ha reducido las perspectivas de crecimiento de una buena cantidad de sectores, y les ha puesto a los gobiernos y bancos centrales una tarea para la que no existen “recetas” que hayan sido probadas en crisis anteriores.
Esto debido al cambio en la forma en que interactúan las variables macroeconómicas a nivel global hoy en día, y debemos esperar que las “nuevas recetas” que surjan de los economistas, surtan efecto lo antes posible para que iniciemos de nuevo el ciclo que acabamos de dejar.

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