Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 5 Enero, 2018

Sinceramente

¡Voy a escoger el candidato por el que votaré!

Sin haber escuchado planteamientos concretos sobre cómo es que los candidatos van a resolver los principales problemas que enfrenta Costa Rica, estoy claro de que no votaré por los que no han descrito sus propósitos, planes metas e intencionalidades en torno a resolver los grandes conflictos de país.

No puedo votar por quienes no le dicen al ciudadano cómo resolverán los problemas de déficit fiscal, cómo mejorarán la educación de Costa Rica ni cómo construirán la infraestructura que el país requiere desesperadamente para generar crecimiento y mayor empleo.

No puedo votar por quienes han ocultado sus intenciones. No puedo dar el voto a quienes han buscado mostrarse capaces de gobernar, escondiendo al electorado que no tienen metas, programas, intenciones y propósitos para atender los apremiantes problemas de Costa Rica. No votaré por la improvisación.

Habiendo escuchado de algunos candidatos expresiones populistas vacías, insultos, entrecruce de difamaciones o acusaciones sin prueba, por esos tampoco puedo votar. Un candidato que difama, que insulta o que lanza improperios no es la persona capaz de formar después consensos y abrir negociaciones con quienes insultó anteriormente. No se llega a acuerdos habiendo agraviado y transformado relaciones de adversarios en relaciones de enemigos acérrimos.

El país ya no aguanta elegir gobiernos inútiles, imprudentes, inexpertos, bocones o matones. El país requiere personas de bien con capacidad, experiencia y que puedan formar consensos.

Por esos que han degradado la cultura política de los costarricenses tampoco puedo votar. Gobernar es educar, y se educa siempre, con el ejemplo, con la palabra, en el hogar y en el trabajo. No se puede pedir a los gobernados una actitud y una conducta de altura si como candidatos fueron todo lo contrario y maleducaron a los costarricenses. Candidatos que agreden a los gobernados son candidatos a los que no deseo en el poder.

Habiendo escuchado a algunos arremeter contra los empresarios y sus compañías, contra el motor generador de los empleos y quienes pagan la inmensa mayoría de los impuestos, creo que no serán convenientes como gobernantes. Nadie denigra, acusa, señala y desalienta la inversión extranjera, la inversión nacional y los esfuerzos de los emprendedores, para luego gobernar generando condiciones propicias para que la economía crezca. Quien llega al poder dividiendo a la familia, quien lanza un grupo contra otro, quien indispone sindicalistas y empresarios no será jamás un presidente para todos los costarricenses.

La confianza una vez que se pierde no se recupera con facilidad. Desconfío de los dobles discursos, desconfío de quienes han atacado a quienes día a día mantienen a los costarricenses ocupados en medio de una crisis prolongada, ya que con ellos no habrá mayor inversión extranjera, ni habrá emprendedores nacionales dispuestos a asumir más riesgos y desarrollar nuevas actividades.

No votaré jamás por los enemigos de la libertad, de la iniciativa individual, de la propiedad privada y de los emprendedores. Uno no vota por los enemigos del corazón y el motor de nuestro sistema. Uno no vota por los que vendrían a despedazar el país que tanto ha costado construir. No votaré por quienes se burlan de la división de poderes, se mofan del estado de derecho o de las garantías sociales y los derechos humanos.

He escuchado a algunos acusar a la libertad de ser la culpable de todo lo malo. En consecuencia si atacan a la libertad aunque no lo digan, están exaltando la supresión de la libertad, la regulación y la estatización. Por estos tampoco puedo votar ya que deseo seguir siendo libre y quiero que mis hijos y nietos lo continúen siendo. El valor de decidir lo que se emprende, lo que se estudia, lo que se hace y dónde se vive tiene un valor inestimable para mí. No votaré por los enemigos de la libertad tampoco.

No votaré por quienes se rodean de personas cuya trayectoria no ha sido la indicada para organizar una sociedad, construir, aunar sino que su actitud y su discurso han sido para disgregar, desunir, separar, crear confrontaciones y forjar brechas entre los costarricenses. No votaré por quienes sean permanentemente confrontativos, ni por quienes disimulan su ignorancia de los asuntos y problemas del país hablando solo de corrupción y acusando a todos de corruptos sin aportar prueba alguna.

Por quienes dan la impresión por sus palabras y hechos de que ellos son los únicos honestos y su equipo desconocido también lo es, por esos no puedo votar. Dime de qué alardeas y te diré de lo que careces, dice el adagio español. El país no podría soportar cuatro años más de improvisación y de acción destructiva desde el Poder Ejecutivo ni desde la Asamblea Legislativa.

He avanzado mucho en mi escogencia ya definí por quienes no debo ni quiero votar. La semana entrante diré las cualidades por las que estaré votando. Comentaré entonces aquellas destrezas que se constituirán en el centro de mi decisión electoral.
Una cosa es clara, mi voto será por Costa Rica, nuestra patria, porque la patria es primero.

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