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Martes, 11 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Volver a emparejar la cancha

Pedro Oller [email protected] | Martes 06 septiembre, 2016


En Costa Rica hay una voracidad que empezó hace 50 años y hoy nos pasa factura para que nos enteremos

Volver a emparejar la cancha

He de reconocer que si bien la decisión de este medio de trasladar las páginas de opinión a su versión online me llenó de desazón, también me despertó un reto por trascender modelos y contribuir en este emprendimiento que La República lleva adelante. A por ellos.
Con gran desazón he visto cómo desde círculos empresariales y de influencia, se critica con desdén la expresión “igualiticos” cual si fuera un lastre para nuestro desarrollo futuro como país. Pienso de forma absolutamente inversa.
Uno de los grandes acervos que tenía Costa Rica hasta hace unos 20 años era cómo el país mantenía diferencias relativamente pequeñas entre los diferentes estratos sociales y cómo, producto de una política social claramente proteccionista de esos estamentos, el país marchaba a un ritmo que para algunos no era suficiente en su codicia.
Se aceleró para que algunos se beneficiaran de la puesta en marcha de políticas sociales y económicas más liberales. Así recalaron los TLC firmados en varios frentes, el régimen de zonas francas, la entrada de inversión extranjera directa, el turismo y la proliferación de servicios y tercerización de servicios.
Podemos debatir si los resultados han estado acordes con las expectativas.
En mi caso, no me quejo. Por el contrario hablo muy bien de algunos componentes como la inversión extranjera directa y el régimen de zonas francas.
Sin embargo, comparto una anécdota. En 2006 (hace 10 años) mientras compartía una Junta Directiva con un exministro de Comercio Exterior y quien ha seguido siendo pelota, viendo los estrechos resultados de urna, este espetó: “¿Pero qué es lo que ve quien maneja su Hyundai camino a la Zona Franca en la que trabaja?”. Y recuerdo haberle contestado casi instintivamente, “el Maserati que va delante suyo”.
Tomando de introducción las palabras de Christine Lagarde, presidente del FMI, “el crecimiento ha sido muy bajo durante mucho tiempo y ha beneficiado a muy pocos”, más de uno de los zares locales —que se agrupan bajo otras tres siglas— debería concluir como el G20 que “nuestro crecimiento tiene que ser incluyente para que sea fuerte, sostenible y equilibrado”.
Eso va más allá de la Responsabilidad Social Corporativa, más allá del photo opportunity y de la cobertura en prensa de lo buenos que somos, algunas veces y con unos pocos generalmente asociados a una universidad regional.
En 2013, según el Estado de la Nación, “los ingresos promedio del 20% de hogares más ricos fueron 13 veces mayores que los del 20% más pobre.” Traslademos el porcentaje en números para que entendamos con claridad: ¢2,5 millones por cada ¢196.758. ¡Qué montón de plata. Eso es una diferencia de ¢2.303.242!
En Costa Rica hay una voracidad que empezó hace 50 años y hoy nos pasa factura para que nos enteremos.
Tenemos los índices de inseguridad más altos por percepción, de ejemplo según el Estado de la Nación, el porcentaje de homicidios cuya razón es presunción de sicariato creció un 256% entre 2003 y 2013, el de venganza un 54% y el de problemas con drogas un 49%.
Tenemos desde 1994 de mantener sin reducir en un 20% el porcentaje de hogares con ingresos que no cubren ni la canasta básica ni los servicios necesarios (agua, luz). Piense en su casa y quien le ayuda.
El 9,6% de desempleo en 2015 y el INEC había advertido de un marcado incremento en el subempleo en nuestro país “como un problema que afecta en mayor medida a las mujeres, aumentando el porcentaje en 5,1 puntos porcentuales, para ubicarse en un 17,4% de mujeres ocupadas con subempleo. El subempleo masculino tuvo un incremento de 2,3 puntos porcentuales entre el cuarto trimestre de 2011 y de 2012, llegando al 9,3%”, según reseñaba El Financiero.
A eso debemos añadir, especialmente, el incremento en el endeudamiento que el sector empresarial ha asumido con la CCSS. A veces pienso que es como si la obligación nunca hubiese existido, y como el meme del muchacho con chaleco, después recuerdo que es todo lo contrario y NO se me pasa.
La CCSS fue fundada en 1941. Que desde hace unos años, unos vivazos hayan escogido pagar selectivamente sus deudas patrono/laborales es otro tema.
Es que el asunto no es de interpretación. Da mucha pena que en el caso del sector privado, las deudas totales rondan los ¢97.000 millones (es en miles), de los cuales ¢65.000 son “de difícil recuperación” (*es en miles), según indicó la Dirección de Cobros de la CCSS, según ha reportado el Semanario Universidad.
Hay mucho por emprender para emparejar la cancha.
Me he quedado sin poder sugerir por dónde. Es como una Hidra a la que iremos atontando hasta que podamos emprender la salida. No hay marcha atrás, salvo que cambiemos esa insaciable mentalidad que pasa de todos y por encima de todos.