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En 2007 se decomisaron 57 armas de fuego y 793 armas blancas en centros educativos del país

Violencia no cesa en las aulas

• Los pasillos, aulas y espacios fuera de la institución son los lugares donde se reportan las agresiones

• En el país existen unas 200 instituciones, principalmente de segunda enseñanza, consideradas de “alta peligrosidad”

Yessenia Garita
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Carlos tiene nueve años y cursa el tercer grado en una escuela de Pavas.
A diario es víctima de la violencia en su centro educativo por parte de uno de sus compañeros. Al principio recibía insultos. Luego gritos, hasta que un día un compañerito de escuela presuntamente lo golpeó.
Los supuestos ataques se fueron haciendo cada vez más frecuentes, hasta que los padres del pequeño decidieron denunciarlo.
Este caso, que se encuentra actualmente en investigación, representa una de las tantas denuncias que las autoridades educativas reciben a diario en escuelas, colegios privados y públicos.
Pero las denuncias por agresiones entre estudiantes no son las únicas. También se presentan casos de presunta violencia entre educadores y alumnos, al punto que en el último año se pasó de 964 acusaciones a 2.026 solo en secundaria.
También se registró un incremento en la portación de armas blancas y de fuego.
En 2006, se decomisaron 57 armas de fuego dentro de centros educativos, mientras que en 2007 esta cifra aumentó a 69.
Por su parte, las armas blancas, especialmente navajas y cuchillos, pasaron de 765 a 793.
“La violencia en las aulas es un problema que debemos combatir. Debemos darle seguimiento”, dijo Rocío Solís, coordinadora de la Oficina de los Derechos de Niños y Niñas del Ministerio de Educación Pública (MEP).
La mayoría de los casos de agresión se presenta entre estudiantes, con una cifra que se reflejó en las 41.770 denuncias presentadas en 2007 ante el MEP, mientras que de 2003 a 2006 se mantuvieron en cerca de 69 mil.
Los casos de violencia entre estudiantes y docentes, tomando en cuenta tanto escuelas como colegios, llegaron a 4.726.
Los pasillos, las aulas y espacios fuera de la institución son los lugares donde con más frecuencia se reportan las agresiones, que en su mayoría son verbales, seguidas por las físicas y las escritas. En cuarto lugar se reportan los robos o sustracciones de objetos y pertenencias.
Pérez Zeledón, Heredia, Desamparados, Alajuela, Cañas, Guápiles y Liberia son las zonas geográficas donde se reportan más agresiones en centros educativos.
En el país existen unas 200 instituciones, principalmente de segunda enseñanza, consideradas de “alta peligrosidad”. Muchas de ellas se ubican en Limón.
Las cifras sobre casos de violencia en los centros educativos revelan que el problema es serio y complejo. Erradicarla no depende solo del sistema educativo, sino que involucra un compromiso de los padres de familia, educadores y por supuesto de los estudiantes.
“Nos estamos abocando a la capacitación de los docentes, de los jóvenes y sus familias. Sin embargo, muchos padres de familia no muestran interés por la situación”, explicó Solís.
La Unidad Pedagógica Cuatro Reinas de Tibás, donde se cuenta con una población de 670 estudiantes, se ha abocado a tratar de combatir el problema ofreciendo charlas educativas, así como a fomentar el rescate de valores.
“Tenemos el programa ‘El cole en nuestras manos’. A través de este proyecto, que fue implementado a principios de año, tratamos de rescatar los valores, los cuales se han ido perdiendo en nuestra sociedad. Incluimos a los estudiantes en diferentes actividades culturales y sociales”, indicó Marta Morúa, asistente de Dirección de la Unidad Pedagógica.
En ese centro educativo se han brindado charlas en contra de la violencia con el grupo K-9.
“Los niños repiten lo que ven en los adultos, por eso a los padres debemos inculcarles el fomento de valores para que lo transmitan a los niños”, agregó Morúa.
El aporte de los padres es fundamental para evitar situaciones de violencia. Poner límites y dar ejemplos de solución pacífica a los conflictos es algo que debería reinar en los hogares del país.
“Cuando se le dice a un niño que no golpee, pero llega a la casa y comete alguna equivocación, tiene un problema con el papá o un hermano, y lo golpean, la dinámica familiar será reflejada en el centro educativo”, explicó Juan Solano, psicólogo.
El Colegio Monterrey, ubicado en el Barrio Vargas Araya, no ha estado exento de sufrir situaciones de violencia. En la lucha contra esta problemática han implementado el programa “Siete Hábitos”, mediante el cual se les enseña a los niños y jóvenes a rescatar los valores, a que sean proactivos y no reactivos, a que aprendan a manejar sus situaciones de dificultad.
“Disminuir la violencia representa hacer valoraciones, convivir con los niños y jóvenes en las aulas, realizar observación e interacción en los recesos”, dijo Ericka Coto, funcionaria del Colegio Monterrey.
La prevención principalmente enfocada a los hogares es un planteamiento que viene trabajando esa institución y que ha significado gran ayuda para tratar de disminuir la violencia intrainstitucional.
“Es importante el trabajo con los padres, nosotros les enviamos boletines, correos electrónicos, hacemos reuniones en donde damos charlas, capacitación”, puntualizó Coto.
Los casos de violencia en las escuelas y colegios podrían deberse principalmente a situaciones de pobreza, abuso u otros problemas que enfrenta la sociedad día con día.
“Cuando los niños enfrentan ciclos de pobreza, abuso y otros problemas se fomenta el comportamiento violento. Los centros educativos podrían colaborar con buena consejería, asistencia emocional y protección”, dijo Carlos García, sociólogo.
La educación de los padres en escuelas para familias de niños que están en problemas puede crear lazos entre familia y la institución.
“Para que funcione un enfoque de prevención para la violencia escolar, los centros educativos y las comunidades deben trabajar juntas en todos los aspectos de su implementación”, explicó María Eugenia Venegas, decana de la Facultad de Educación de la Universidad de Costa Rica.
“Los estudiantes que se sienten reconocidos y apreciados, al menos por un adulto en el centro educativo, tendrán menos probabilidades de actuar en forma violenta”, manifestó García.
En los colegios y escuelas se aplica el enfoque represivo. En algunos casos, se atienden los problemas con la suspensión o expulsión de los estudiantes. Sin embargo, según criterio de los especialistas, esto resulta contraproducente porque son jóvenes que provienen, “principalmente” de ámbitos socioeconómicos marginados.
“Utilizar un enfoque represivo les quita una posibilidad de superarse. Se debe enfocar a la formación de ciudadanos, a la recuperación de valores, a la resolución de conflictos”, expresó García.
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