Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 6 Agosto, 2008

Hablando Claro
Vidas plenas… de superficialidad

Vilma Ibarra

Dos jóvenes “modelos” protagonizaron estos días un par de bochornosos incidentes (no se llaman “accidentes”) automovilísticos que deplorablemente reflejan lo que está sucediendo con las ilusiones, anhelos y proyectos de construcción de vida de muchas muchachitas que alcanzan el cielo con las manos cuando llegan a formar parte de una especie de “elite” cuyas aspiraciones están centradas en un buen cuerpo (en casi todos los casos con cirugías incluidas) jugosas ganancias, mucha prensa complaciente y valores totalmente trastocados. Algunas de esas chicas se sienten la Paris Hilton o la Britney Spears de la pequeña manzanita de agua josefina y no importa el precio que tengan que pagar, están ahí en el ojo de la avioneta set costarricense.

No es necesario reseñar la cantidad de hechos similares que se han producido en los últimos meses y que francamente resultan preocupantes, porque esos dos de la semana pasada constituyen los botones de la muestra: muchachas con supervehículos de último modelo (¿no había que trabajar antes toda una vida para aspirar a semejantes medios de transporte?) y una vida rosa llena de pretendientes también modelos, jugadores y otros integrantes del mundo de la farándula.
Lo cierto es que una de ellas se ve envuelta en el “incidente” nocturno en estado de “prebriedad” (no nos cansaremos de repetir que esta categoría solo existe en Costa Rica) y los medios de comunicación (salvo honrosa excepción) corren presurosos, alarmados a hacer notas, reportajes, perfiles y artículos de seguimiento de toda índole, con evidente preocupación de que tras el socollón no hayan quedado cicatrices ni problemas que afecten su delicada imagen y figura de cara a un concurso televisivo que se estrenará el fin de semana…
A propósito… ¿será que soñé que los personeros del concurso decidieron declinar su participación tras lo sucedido para que no se vaya a interpretar que terminaron (o terminarán) respaldando su etílico proceder?

La otra, ni que decir. A las 7.30 a.m., cuando todos los cristianos vamos para el trabajo, la muchacha en cuestión zigzaguea por la Circunvalación, no como esos intolerantes desesperados que no quieren llegar tarde a su destino, sino como consecuencia de una ingesta que reportan las autoridades equivalente a ¡12 tragos!
Pienso por un momento en la dosis que me permito en una reunión de amigos y no alcanzó a comprender cómo pudo tomar tanto; pero además multiplico cuánto licor habrá que ingerir en una larguísima noche de fiesta para que a las 7.20 a.m. el alcoholímetro marque semejante cantidad, siendo que según los que entienden, a esa hora una parte considerable de lo que pudo haber consumido ya no aparece en el registro.
Qué pena. Pobres padres y madres. Pero sobre todo, pobres muchachas y sus grandes aspiraciones de convertirse en las rutilantes estrellas del firmamento del espectáculo nacional…