Juan Manuel Villasuso

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Martes 20 Julio, 2010


Dialéctica
Veinte años y sigue vigente

Se están cumpliendo dos décadas desde que la Comisión de Reforma del Estado Costarricense (COREC) presentó su informe en julio de 1990. Aunque el tango de Gardel y Le Pera nos diga que 20 años no son nada, lo cierto es que han pasado cinco gobiernos y varios TLC, que muchas cosas han cambiado en Costa Rica pero persisten deficiencias del aparato estatal, señaladas en aquella época, que valdría la pena resignificar.
Releyendo el documento de la COREC, lo cual recomiendo especialmente a los actuales jerarcas de las instituciones públicas, a los diputados de Cuesta de Moras y a los regidores de todas las municipalidades, se hace evidente que la filosofía que sirvió de guía a la Comisión, sea, la democratización del Estado, mantiene su vigencia pero es necesario darle la preeminencia que merece y hacerla operativa.
Eso supone “una redistribución del poder político del nivel central hacia las instancias regionales y locales, así como la introducción del control ciudadano sobre la gestión gubernamental”. También implica “reestructurar las normas de la administración pública para que la acción estatal sea mas efectiva y procure generar condiciones de eficiencia en el sistema económico y eficacia en el cumplimiento de los objetivos”.
Entre las deficiencias y limitaciones que la COREC diagnosticó para el conjunto de entidades estatales, hay cuatro que merecen destacarse.
Primero, la ausencia de una clara comprensión del papel del Estado para ajustarse a las transformaciones internacionales sin perder su condición solidaria y de compromiso con los sectores más débiles de la sociedad. Segundo, la excesiva concentración del poder en el ámbito central del Estado en perjuicio de instancias públicas más cercanas al ciudadano. Tercero, la escasa planificación y coordinación global y sectorial. Cuarto, la ineficiencia en la asignación de recursos y la baja productividad, consecuencia de problemas de administración pero también a causa del complejo entramado de leyes y reglamentos y las restricciones de carácter presupuestario.
Llama la atención que desde hace 20 años la COREC alertó sobre dos aspectos que en la actualidad tienen gran vigencia y han adquirido extraordinaria relevancia: la inseguridad ciudadana y el papel (des)integrador de la educación.
Sobre el primero expresó lo siguiente: “ha habido un desmejoramiento sensible en el nivel de seguridad personal y familiar en los últimos años... sin duda el rezago social que el esquema económico vigente tiende a generar es un factor coadyuvante a ese grado de inseguridad”.
Sobre lo segundo, la Comisión manifestó la “profunda preocupación que le causa la estructura que ha venido asumiendo el sistema educativo, al que se ha despojado de responsabilidad en cuanto a su función como elemento integrador de la sociedad”.
En uno de los apartados del informe (xix), la COREC formula una conclusión que reviste gran trascendencia desde el ideal del Estado democrático, apreciación que debería valorarse a la luz de lo ocurrido en los últimos años y de lo que está sucediendo en la Costa Rica de nuestros días.
Textualmente se señala que “el Estado en su dimensión institucional se ha mostrado débil ante las exigencias de diversos grupos de poder... lo que ha contribuido a una politización creciente de la estructura institucional debido a los compromisos e intereses de los gobernantes de turno”. Eso significa, ni más ni menos, que el Estado se ha corporativizado en beneficio de los sectores más poderosos.

Juan Manuel Villasuso