Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 2 Febrero, 2018

Sinceramente

Vamos todos a votar para defender nuestras libertades y nuestra democracia

La Costa Rica de nuestros días con todas sus libertades, sus derechos y su red de instituciones garantes de nuestras solidaridades no se construyó de la noche al día.

Primero vinieron las luchas intestinas para garantizar nuestra independencia. Luego la Campaña Nacional para cimentarla con la sangre de nuestros héroes. La democracia patriarcal fue avanzando hacia una democracia más amplia y participativa.



Luego comenzó nuestro desarrollo institucional y la lucha por alcanzar libertad, mercados funcionales y leyes concordantes. Ya para 1871 las corrientes del liberalismo, con mucha sutileza, separaron la Iglesia del funcionamiento del Estado aunque seguimos teniendo iglesia oficial. La base de dicha reforma fue establecer que el presidente y vicepresidentes de la república, así como los ministros debían ser del estado seglar. Esta reforma rigió hasta que la Sala Constitucional en 2014 definió que los pastores y ministros o sacerdotes de otras denominaciones no católicas, eran seglares. Esto llevó a un obispo luterano consagrado a ser ministro de la Presidencia. A mi juicio este fue un error histórico que anuló la reforma liberal conquistada con tanto esfuerzo por Costa Rica a lo largo de décadas desde 1871. Un paso atrás.

El siglo XX fue testigo de dos grandes luchas civiles por reconquistar la decisión de elegir y mantener el respeto por las elecciones libres hechas por el pueblo. En estas dos ocasiones las gentes del país con fiereza definieron que su voluntad electoral se respetaba. Allí no fue el costarricense un pueblo domesticado, como alguna persona en grave equivocación describiera al país. La democracia avanzó, el voto de la mujer se alcanzó finalmente y un número cada vez más crecido de electores votó y decidió en el país.

La lucha electoral nos llevó a elegir y a alternar partidos y personas. El país se fue adaptando a las diferentes coyunturas del devenir internacional, preservando siempre libertad y democracia. El país fue enfrentando alternativas sin renunciar al estado de derecho, a la justicia social y a la lucha permanente contra la pobreza. Fueron y vinieron los partidos, las figuras, las ideas hasta llegar a tener lo que hoy denigramos con tanta facilidad como un país domesticado y un país de corruptos. Yo me enorgullezco de mi patria. Contra la patria nada se vale.

La suma de las luchas ha sido grandiosa. Nuestro país es hoy mejor que antes. Los niños descalzos y panzones de los anquilostomas y los parásitos intestinales ha sido casi que erradicado. El país de las elecciones fraudulentas, a pesar de las acusaciones poco responsables de algunos, fue sepultado con los muertos y la sangre derramada en 1919 y 1948.

No ha sido fácil la aceptación de insertar el país a un sistema internacional diferente, más libre, más capaz de premiar competitividades nacionales y castigar malas prácticas de gobierno. No ha sido fácil para muchos renunciar al proteccionismo agrícola y buscar las mejores condiciones para el consumidor donde estas existan. No ha sido nada fácil ver nuestra independencia y soberanía reducidas por las cortes internacionales y los tratados. Ya no podemos como país hacer lo que nos da la gana.

La pobreza se ha resistido a bajar de un 20% de la población. El temor ante las acusaciones de corrupción ha estancado la construcción de infraestructura nacional. La dirigencia política acusada y en algunos casos linchada por los medios y por algunas figuras políticas cómplices ha comenzado a ser reemplazada por nuevas caras y grandes intelectos. Los mismos de siempre están comenzando a desaparecer en el ocaso. El país sigue adelante vigoroso. Hoy por hoy votamos y decidimos cerca de 3 millones de personas.

Este 4 de febrero de 2018 hemos sido convocados los electores a escoger las autoridades que gobernarán Costa Rica. Trece, si, trece papeletas a la presidencia de Costa Rica se presentan al electorado. Veinticuatro papeletas diferentes de diputados ofrecen una variedad excepcional de oportunidades en la renovación de la Asamblea Legislativa. Muchos de los mejores hijos de la patria ofrecen sus nombres y servicios en este certamen democrático.

Por los que lucharon para heredarnos esta libertad que vivimos hoy, por los esfuerzos del pasado y los beneficios del presente que todos disfrutamos y para proyectar todo esto hacia nuestros hijos y nietos y heredarles el país de nuestra creación debemos ir todos a votar. Todos a votar, todos, las familias completas, esa es y debe ser la consigna de este próximo domingo.

Imbuidos de nuestros mejores valores y llenos de ilusión de mejor construir el país vayamos a depositar nuestro voto. Todos a votar, todos a emitir el sufragio por la patria, porque la patria es primero. Que viva siempre Costa Rica.

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