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Sábado, 17 de noviembre de 2018



EDITORIAL


Valore lo que compra

| Martes 16 marzo, 2010




Es mucho lo que falta por hacer en el país para lograr un consumidor más informado y un cambio en su cultura, para beneficio de su salud

Valore lo que compra

En el mercado nacional hay actualmente una importante oferta de los llamados productos “light” que han conquistado la preferencia de muchos consumidores.
Unos se dejan seducir por esa tendencia, esperanzados en que les ayude a solucionar un problema de sobrepeso. Otros probablemente lo hagan para no ingerir calorías aun cuando tengan un peso idóneo y algunos por considerarlos más saludables al no contener azúcar sino edulcorantes sintéticos.
Pero de la mano con esto no parecieran haber variado de manera igualmente importante el conocimiento y la cultura del comprador como para saber realmente qué adquiere y cuáles beneficios o perjuicios puede traerle a su organismo y por lo tanto a su salud.
Quizás a causa de esto, algunos productos “light” tampoco cumplen como deberían, con lo que ofrecen, o si lo hacen en alguna medida, su publicidad o etiquetados exageran las bondades confundiendo al consumidor. Si un producto tiene una etiqueta que lo anuncia como “light”, es decir, con una reducción de al menos un 25% de alguno de sus componentes, eso no quiere decir que el otro 75% no le hará daño a la salud de alguien que no debería ingerirlo.
Este medio informaba sobre esto el viernes pasado, señalando que además ahora este tipo de mercadería tiene mejores posiciones en los estantes de los supermercados y goza de estrategias que la hagan ver más atractiva.
Como decíamos, el mercado se mueve, avanza, pero no la educación del consumidor.
Es mucho lo que falta por hacer en el país para lograr un consumidor más informado y un cambio en su cultura, para beneficio de su salud.
La educación que reciben los niños y adolescentes que se encuentran en pleno proceso de adquisición de hábitos es escasa cuando no equivocada. Orientada muchas veces por una publicidad que no fue diseñada con fines educativos sino de ventas.
Las instituciones de salud del país no cuentan con el personal y el tiempo suficiente para diagnosticar y tratar la enfermedad, mucho menos puede disponer de los recursos necesarios para una labor educativa y preventiva.
Deben ser los centros educativos formales y el hogar los sitios en donde se transmitan los conocimientos necesarios a la población a fin de propiciar la formación de un consumidor conciente, capaz de valorar la importancia de sus decisiones de compra para la conservación de su buena salud y su poder como generador de cambios en la oferta.