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El resultado de la contienda electoral es, más que un llamado a celebrar, o a retirarse, una cita con la responsabilidad, con la obligación de cumplir y de seguir trabajando

Una fiesta que pertenece al pueblo

Transcurrió ayer una vez más la gran fiesta cívica en la que los costarricenses cada cuatro años se dan un nuevo gobierno. Una fiesta que, es bueno recordarlo, le pertenece al pueblo, por lo que ninguna instancia debe intentar llevarse el protagonismo ya que los protagonistas son los costarricenses.
Todo ha transcurrido en paz, como queremos en este país que ocurran las cosas. Hemos tenido esa vivencia tan propia, tan reveladora, de ver en un mismo vehículo más de una bandera como símbolo del respeto y la tolerancia.
Hubo disensión, como era lógico que hubiera, pero también madurez democrática.
Las familias acudieron a los centros de votación en muchos casos acompañadas de sus hijos pequeños, que aprenden desde ahora cómo es la responsabilidad de construir una democracia cada vez más madura y sólida. Una conciencia que debe pasar de generación en generación para que todas sigan disfrutando la posibilidad de tener jornadas como la de ayer.
Ahora viene la segunda parte. La hora en que ganadores y perdedores deben entender que lo que dicen las cifras sobre el resultado de la contienda electoral es, más que un llamado a celebrar, o a retirarse, una cita con la responsabilidad, con la obligación de cumplir y de seguir trabajando.
Es la hora de cumplir las promesas de campaña, de escuchar la voz de los costarricenses. Es el momento para no hacer oídos sordos al llamado a abandonar intereses personales y trabajar por el interés común, como lo ha pedido la jerarquía de la Iglesia católica. Todo esto implica no olvidar a ese pueblo al que se le pidieron los votos parar llegar al poder, sino, por el contrario, tenerlo muy presente en cada día de trabajo de la nueva administración y en la labor responsable de quienes ejercerán la oposición.
Solo la realidad de una buena administración, que recupere la fe en la clase política del país, revertirá el abstencionismo que todavía hay que disminuir en Costa Rica, para dar mayor representatividad a nuestra democracia.
Ningún costarricense debe olvidar que así como se da cita en las urnas para elegir un gobierno cada cuatro años, debe aportar cada día, con su actitud en todas las actividades, a construir una patria mejor.
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