Enviar
Con Sumo
Una experiencia inusitada

Carmen Juncos
[email protected]

Un domingo de estos, antes de Navidad, salí con mi nieto de 11 años a dar unas vueltas y al final llegamos a Terramall con la idea de descansar un rato y tomar algo antes de regresar a casa. La experiencia fue inusitada.

Nos sentamos dispuestos a tomar un helado porque eso era lo que el nieto quería. Eran como las cinco de la tarde y de repente me vi observando encantada las montañas de Cartago (La Carpintera) con distintos tonos de verde según les llegara más o menos la luz de un sol que comenzaba a retirarse, discreto, para ceder protagonismo a la noche que venía en camino.

Pero lo más agradable era que, al ser el sitio donde estábamos abierto (sin pared que lo separe de la zona verde y parqueo), nos llegaba directo el aire puro de esas montañas, cargadas de árboles, que parecían nacer junto al límite mismo del centro comercial.

Un poco abstraída como me había quedado viendo toda esa maravillosa naturaleza, me volví para comentarlo con el nieto y vi, casi enfrente de nosotros, otra cosa que llamó también mi atención. El tumulto de gente en un establecimiento cercano donde solo se vendían fuentes con frutas era semejante al de otros.

Fue agradable comprobar que mucha gente prefería la apetitosa variedad que ofrecía el lugar, a otras comidas no tan saludables. Son cambios positivos en hábitos de consumo, pensé y se lo comenté también al nieto (que ama la naturaleza) quien me propuso que, en la próxima pasada por Terramall paráramos a comer frutas y a respirar el aire que regala La Carpintera.
Ver comentarios