Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

Enviar
Miércoles 3 Septiembre, 2008

Hablando Claro
Una relación complicada

Vilma Ibarra

Parece que la luna de miel de la aún reciente unión duró muy poco y que pasados los primeros meses del embeleso empiezan a observarse las diferencias abismales de esta pareja que no tenía mucho en común pero que, como en un noviazgo apresurado, fue presa de la pasión con que se abrazó el enamoramiento y no se dio tiempo para madurar la relación. Parece también que este matrimonio de conveniencia no tiene opción al divorcio y que habremos de someternos, por muy diversas razones, pero en particular por una, a un esposo con un fuerte temperamento dispuesto a golpear la mesa cuando aquella sumisa consorte empieza a pedir libertades que nunca fueron especificadas en el contrato nupcial, al menos no para él, porque ella pensó que podía seguir siendo libre, terminar de estudiar y eventualmente trabajar fuera de casa…

El viernes pasado el esposo no dudó un momento en expresar su malestar cuando por fin tuvo la oportunidad de acusar exceso de celo de la familia política que insistía en conocer detalles de unos bonos que al producirse el acuerdo nupcial él acordó depositarle a ella en la cuenta. Pese a la contrariedad de él, ella decidió contar al menos algunos detalles de la transacción de esa parte de la dote, pero la pobre no quedó bien con nadie y solo generó mayor malestar de su parentela política, porque ahora uno de los tíos cercanos (encargado de cuidar los dineros) aduce que es posible que no se termine de ajustar el dinero de esa porción de la dote y todo quede en el 50% inicialmente acordado entre los representantes de la pareja.
Se dice que a la familia de él no le gusta que se cuenten en público cosas que insisten son privadas. Qué pasará entonces si los miembros del consejo de sabios deciden finalmente que hay que abrir las arcas todas y como afirma otro tío que le envió también su carta al marido, deberá permitirle a ella más libertades de modo que demuestre que si de verdad la quiere, es capaz de aceptarla como es. Con sus virtudes y defectos.
Por el momento él insiste en que es quien lleva los pantalones y no le acepta ni siquiera reunirse en casa con sus antiguos amigos…
Y como si no fuera suficiente tanta complicación en el matrimonio, unos muy cercanos amigos de ella, terminaron haciéndole caso y desecharon una oferta de los amigos de él para que les instalaran en casa unos equipos que necesitaban con urgencia para comunicarse mejor.

Claro que ante tanta confusión, el tío de mayor influencia se dejó venir en el primer vuelo y en una visita de cortesía, se sentó a darle consejos a ella sobre la conveniencia de no permitir gestos que pudieran interpretarse como de agresión psicológica, verbal o emocional para que pueda asumir con el decoro y dignidad que debe ser su asiento en la cena de la casa del vecino de mayor abolengo de aquel conspicuo residencial, adonde por deferencia y reconocimiento a sus virtudes, deberá ubicarse —al menos por un corto tiempo— en la silla preferencial…