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Martes 17 Febrero, 2009

Una región, dos estados


No existen pocas opiniones cuando se trata de asuntos de Oriente Medio, y los recientes acontecimientos en Gaza no los silenciaron.
Hace poco tiempo surgió una minoría de expertos en Oriente Medio, defensores de una solución de un solo estado, que socavaría la legitimidad de Israel y el derecho internacionalmente reconocido de existir como estado judío soberano en la tierra de mis antepasados.
Al haber sido, personalmente, testigo del notable progreso logrado, en los últimos años, con la Autoridad Palestina, considero que una solución de dos estados no solo es la mejor para este antiguo conflicto sino que está a nuestro alcance.
La solución de un estado tiene suficientes errores intrínsecos para que no resulte un procedimiento absoluto.
Desde la perspectiva de Israel, para el pueblo judío no es posible aceptar un acuerdo que signifique el fin de la existencia de un estado judío.
Desde la perspectiva palestina, no se les debería negar la oportunidad de tomar su destino nacional en sus propias manos.
Por alguna razón, los disidentes de la solución de dos estados sostienen que Gaza y la Margen Occidental son demasiado pequeñas para absorber a los refugiados palestinos. Sin embargo, este sería el caso bajo la fórmula de un estado; resultaría que, en un estado con unos 24 mil kilómetros cuadrados, desbordaría con una población que excedería los 10 millones (5,5 millones de judíos y 4,5 millones de árabes).
Mientras los cínicos se cuestionan el tamaño de la Margen Occidental y Gaza, los optimistas no deberían, para su seguridad, buscar más allá de Singapur. El área de la Margen Occidental y Gaza es nueve veces el tamaño de Singapur. Sin embargo la población, en ambas regiones, combinada de palestinos es menor que la de Singapur. El país del sudeste asiático goza de uno de los niveles de vida más altos del mundo. Tenemos fe en que los palestinos son capaces de alcanzar un éxito similar, y continuaremos trabajando incansablemente con nuestros socios —en la mesa de negociaciones— para establecer un estado palestino autónomo donde el pueblo establezca una economía moderna basada en la ciencia, la tecnología y los beneficios de la paz.
La creación de un solo país multinacional es un camino poco convincente que no resulta un buen presagio para la paz pero, en cambio, refuerza la perpetuación del conflicto. El Líbano, asolado por la inestabilidad y el derramamiento de sangre, representa solo uno de los muchos ejemplos de un atolladero indeseado de esa naturaleza.
Las dificultades de una solución de dos estados son numerosas, pero continúa siendo la única fórmula realista y moral para poner fin al conflicto israelí - palestino. Aquellos que no están comprometidos con esta solución sostienen que, después de la creación de un estado palestino, la cintura de Israel sería demasiado angosta —unas seis millas— para garantizar la seguridad de sus ciudadanos. En efecto, seis millas serán demasiado estrechas para avalar una seguridad completa, lo cual solo refuerza nuestra convicción de que la seguridad de Israel no solo está alojada en la defensa territorial sino en la paz. La paz proporciona amplitud de vuelo, incluso cuando la cintura es estrecha.
El mes pasado, el líder libio Muammar Gaddafi resumió sus sugerencias para una solución de un estado. Aunque estoy en desacuerdo con su fórmula, me siento animado por la manera en que dilucida y construye su caso. En su mayor parte, resulta sobresaliente su premisa central y fundamental: “el Pueblo Judío desea y merece su patria”. La resonancia de esas palabras es crucial, ya que ellos se oponen diametralmente a los elementos radicales musulmanes que niegan el pleno derecho del Pueblo Judío a una patria en la tierra de sus antepasados y, en función de esto, defienden una guerra jihad asesina cuyo objetivo es destruir Israel.
El Pueblo Judío desea y merece vivir en paz, en su patria legítima e histórica.
El pueblo palestino desea y merece su propia tierra, sus propias instituciones políticas y su derecho a la autodeterminación.
Resulta vital que esta causa se sostenga en la perspectiva de coexistencia, entre judíos y árabes, que se traducirá en cooperación en campos como economía, turismo, medio ambiente y defensa. Ese logro solo será posible garantizando a cada pueblo su propio estado y fronteras, permitiendo a sus ciudadanos orar según sus creencias, cultivando sus culturas, hablando sus propias lenguas y protegiendo sus patrimonios.
Comprometamos nuestro mayor esfuerzo conjunto para permitir que prosperen los dos estados. Quizás un día, israelíes y palestinos elijan, como en Europa, no permitir que las fronteras impidan la coordinación económica o sirvan como razón para una guerra.

Shimon Peres
Presidente de Israel