Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 3 Enero, 2018


Una campaña aburrida

Un amigo extranjero que conoce bien al país me dijo hace un par de semanas “¡¡Es increíble!! Los ticos votan en menos de 45 días y no hay nada”. Él había conocido las campañas del siglo pasado que muchos llamaban “fiestas democráticas”. Una lucha electoral era sobre todo un periodo de alegría y gozo; era contagioso e imposible de ignorar.

A estas alturas muchas casas tendrían colgada la bandera de su partido político predilecto (si la pareja no estaba de acuerdo quizás tendría alguna vivienda dos banderas distintas). Los fines de semana se formaban filas de jóvenes y no tan jóvenes en puntos callejeros claves, luciendo camisetas de un color u otro, ondeando banderas y regalando para los automóviles. Muchos autos llevaban pegatinas de colores políticos. Se colocaban fotos en los postes y había muchas vallas; más de un partidario pintaba las calles; por supuesto, era ilegal.

Se escuchaban “jingles” (canciones publicitarias pegajosas) y en todos los pueblos se celebraban mítines. No hay que negar que también hubiera mucha publicidad en la televisión.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Quién desenchufó toda la alegría? Sin duda el causal principal del colapso de la fiesta democrática fue el derrumbe del sistema bipartidista. Un cisma en la derecha del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) llevó a la creación del Movimiento Libertario ML, y otro en la izquierda del Partido Liberación Nacional (PLN) llevó a la aparición del Partido Acción Democrática (PAC). Después algunos evangélicos decidieron que querían formar un partido, pero igual como no se ponen de acuerdo en temas teológicos (algunos creen en la predestinación y otros no, otro creen en el bautizo por inmersión mientras que hay bastantes que no) ahora hay tres o más partidos de esta estirpe. La extrema izquierda siempre ha tenido por lo menos uno o dos partidos; como los evangélicos estos también chocan por temas ideológicos.

Después siempre ha habido los líderes que argumentan que hay demasiada necesidad en el país para estar gastando tanto dinero en algo “frívolo” como una elección. Algunos de estos cuando resultan elegidos se olvidan de los necesitados y pasan viajando a conferencias inocuas en el exterior, siempre con todos los lujos que puedan sacar de anfitriones y viáticos. Lo que ignoraban estos “seudoparsimoniosos” es que las elecciones del pasado eran lo que más promovía el celo cívico entre los jóvenes. Era toda una educación para los que marchaban, vitoreaban, bailaban y discutían con amigos y vecinos.

Finalmente se introdujo lo que parece que está contaminando todo el sistema político nacional —la corrupción. Facturas falsas presentadas al Tribunal Supremo de Elecciones, donaciones con un nombre que realmente era de otro, desfalcos y posiblemente más de un candidato malversando fondos. El habitante se ha dado cuenta y su ardor por la política se disipó.

Ahora los partidos políticos han perdido su atractivo y Costa Rica ostenta un sistema de caudillos, personalismo puro, algo que superó después de 1948. ¡Qué lástima que se pierde la tradición partidista de antes!

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