Una agenda para el bicentenario
Cabe preguntarse si estos temas deberían ser abordados en una agenda digital para el bicentenario. Shutterstock/La República
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La economía digital representa una oportunidad para el desarrollo productivo del país. Hoy, más que nunca, debemos aprovechar y considerar el planteamiento de una agenda digital preparatoria para el bicentenario.

El actual Gobierno está casi por cumplir 100 días y es de vital importancia recordar algunas de las

conclusiones y propuestas que la Cámara de Tecnologías de Información y Comunicación (CAMTIC), en conjunto con la Asociación Latinoamericana de Internet (ALAI), han plasmado en el documento “Economía digital y desarrollo productivo en Centroamérica. Resultados y recomendaciones para Costa Rica”.

El documento refiere que la industria de las tecnologías de información y comunicación es uno de los sectores productivos con mayor crecimiento del país y está directamente asociado a la digitalización de la producción y el comercio. De ahí que la transición hacia la economía digital se convierte en un reto.

Esto obliga a considerar que el país debe prepararse e insertarse en las realidades de un mundo inmerso en la economía digital, que hoy habla de fortalecimiento productivo, crecimiento, generación de empleo y de acceso a mercados.

El país cuenta con condiciones que lo habilitan para enfrentar ese reto: una tasa de referencia regional en

la inversión en investigación y desarrollo; una alta penetración en banda ancha móvil; un alto porcentaje

de bancarización de los ciudadanos y una población educada e inserta en sectores vinculados a la economía del conocimiento, además de una industria digital creciente y exportadora.

Ese panorama ha permitido un ecosistema digital saludable. Sin embargo, el país aún sufre de

situaciones que limitan el crecimiento de la innovación: una tímida vinculación entre universidades y empresas en actividades de investigación; la presencia de algunas barreras a la innovación en temas relacionas con el desarrollo de infraestructura, disponibilidad de financiamiento y marco regulatorio, y el faltante de recurso humano, técnico y profesional en tecnologías de información y comunicación.

Se trata de una oportunidad única para que el país -de cara al bicentenario- articule esfuerzos públicos y

privados, y logre un mayor avance en transformación digital en todos sectores productivo. Para ello, se

deberían complementar las políticas públicas vigentes con una agenda digital que aborde temas tales como la innovación; la transformación digital; el financiamiento para el emprendimiento y la aceleración

digital; el mejoramiento del ambiente del ecosistema digital; el fortalecimiento de la base del conocimiento y desarrollo (vinculación academia-empresa) y, finalmente, la generación de capacidades en materias

relacionadas con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, que permitan enfrentar los retos de la sociedad de la información y el conocimiento hacia la IV Revolución Industrial.

Entonces, cabe preguntarse si estos temas deberían ser abordados en una agenda digital para el

bicentenario.


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