Ennio Rodríguez

Ennio Rodríguez

Enviar
Martes 7 Noviembre, 2017

Una agenda de empleo

El empleo es uno de los principales desafíos nacionales. Por un lado, no se generan suficientes empleos de calidad en el sector formal y, por el otro, muchas personas no tienen las habilidades y destrezas para tener acceso a esos empleos. Estamos ante un problema complejo en el que participan un conjunto de factores, que obligan a soluciones también multifactoriales.

La tasa de desocupación ronda 9%. A su vez la tasa de subempleo alcanzó 8.5%. Por si esto fuera poco, el sector informal es de alrededor de 44% del empleo total y, por definición, no cuenta con condiciones de respeto de los derechos laborales, pago de salarios mínimos y seguridad social. De tal manera que, si queremos seriamente mejorar el empleo en Costa Rica, con una población activa que crece anualmente alrededor de 125 mil personas, tendríamos que generar puestos de calidad para esas personas y más, para reducir el desempleo, el subempleo y el sector informal. El otro factor que revela la debilidad de los mercados laborales es la tasa neta de participación laboral, la cual apenas supera 59%, con una diferencia muy significativa por género, mientras los hombres tuvieron una tasa de 73.1%, para las mujeres fue 45.5%. Esto significa que muchas personas no participan en el mercado laboral porque se desanimaron de no encontrar trabajo y, por lo tanto, ni siquiera suman a las cifras de desempleo. Entre estas, preocupan sobremanera los jóvenes que no trabajan ni estudian. Según un estudio de Unimer y Kölbi, el 17% de los jóvenes entre 12 y 35 no estudian ni forman parte de la fuerza laboral (308 mil personas). En conclusión, el empleo es un desafío económico, social y político de enorme magnitud. Es el principal problema estructural que debemos enfrentar y que se asocia, además, con los niveles imbatibles de personas en condición de pobreza y de procesos de concentración del ingreso.

Una agenda de empleo debe considerar aspectos de demanda, los cuales tienen como fin la generación de nuevos puestos de trabajo; de oferta, orientados a la preparación de las habilidades y destrezas de esos puestos; y de calidad, que los puestos de trabajo tengan seguridad social, pago de salarios mínimos y cumplimiento de la normativa de salud.

Pero la agenda de empleo debe tomar en cuenta el acelerado cambio tecnológico y su impacto sobre los puestos de trabajo y las habilidades y destrezas que demandarán esos puestos de trabajo. Para ello, resulta más necesario que nunca, contar con un centro de prospectiva laboral que proyecte las necesidades de formación de recursos humanos de la economía costarricense y oriente así, con información precisa, a los centros de enseñanza y de capacitación y entrenamiento, así como a los estudiantes. El INEC sería una institución que podría albergar al centro de prospectiva laboral.

En definitiva, es indispensable la construcción de una estrategia de empleo, la cual debe incluir a los sectores privados y público con el objetivo de alinear un amplio espectro de políticas públicas inter-institucionales con las decisiones de inversión de los sectores productivos. El país no puede seguir sin una estrategia de empleo.

Listo algunos de los elementos de la agenda. Por el lado de la demanda: 1. Una nueva política de competitividad y de concepción de clústeres que se centre en las cadenas de valor con el objeto de promover un incremento del valor agregado nacional, en contraste con los enfoques sectoriales del pasado. Esto con el objeto de atacar frontalmente la falta de encadenamientos productivos entre los sectores más dinámicos de la economía y el resto del aparato productivo. 2. La definición de una nueva regionalización para el país a partir de los datos geo-referenciados del INEC orientada a provocar la transformación productiva de las áreas fuera de la GAM, de tal manera que se promueva la especialización de estas regiones, se incremente el valor agregado y se promueva el trabajo conjunto de productores y de las autoridades púbicas. También, debe hacerse énfasis en la organización cooperativa en las regiones para elevar el valor agregado, la productividad y la organización de los productores. 3. Las políticas para profundizar el desarrollo financiero y asegurar la disponibilidad de financiamiento para los emprendimientos, pymes y empresas en todas las fases de su crecimiento, de tal manera que el aumento del empleo sea su resultado. Por su parte, la atracción de inversiones y la promoción de inversiones se debe enlazar con la nueva política de clústeres de tal manera que se dinamicen las cadenas de valor seleccionadas nacional y regionalmente. 4. El marco debe ser el desarrollo sostenible para lograr el equilibrio entre producción y ambiente, para lo cual, se deben alinear los incentivos para lograr ambos objetivos.

Por el lado de la oferta, debemos atender los desafíos de los jóvenes que no participan de la fuerza laboral y no estudian, las 2.400.000 personas que no terminaron secundaria y que sufren limitaciones severas para conseguir empleos formales y la baja participación de las mujeres en la fuerza laboral. Para potenciar la oferta: 1. Programas focalizados de educación dual para incorporar jóvenes, mujeres y personas sin conclusión de estudios secundarios a la fuerza laboral. 2. Fortalecimiento de la Red Nacional de Cuido Infantil y de las Redes de Atención de las Personas Adultas Mayores para facilitar la incorporación de las mujeres. 3. Ajuste de los programas del INA de acuerdo con la demanda del mercado y, en el futuro, con los resultados que brinde el centro de prospección laboral.

Finalmente, para mejorar la calidad del empleo, debe incluirse una estrategia de formalización del sector informal con escalonamiento de impuestos y de la contribución a la seguridad social.