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La prevención de la violencia y la delincuencia es demasiado importante como para ignorarla o darle poca atención


Un trabajo serio exige prevención

Después de México, El Salvador, Guatemala y Honduras son la región —sin conflicto armado— más violenta del mundo, dijo un día de estos el entrevistador del programa “Claves” de la televisión alemana, realizado en esa oportunidad en conjunto con la televisión de El Salvador.
Entre los entrevistados estaba Rodrigo Bolaños, un empresario con mucho que aportar sobre la que parece casi imposible tarea de sacar a los jóvenes de las pandillas y reinsertarlos en una vida decente, útil y satisfactoria en la sociedad.
Había otros invitados como un alcalde y el viceministro de Justicia y Seguridad, pero quisiéramos destacar también la presencia de Saúl León, miembro de una organización cristiana.
Lo anterior porque entre esa iglesia y ese empresario, parece que han encontrado una fórmula altamente eficiente para reeducar y volver a la sociedad a los pandilleros que ya no quieren más esa vida.
La situación en Costa Rica es diferente, afortunadamente, pero la enseñanza es igualmente importante.
La fórmula se inicia cuando algunos pandilleros que quieren dejar esa vida encuentran refugio en una agrupación religiosa.
Esta organización los acoge y luego de un periodo de varios meses de desintoxicación (no solo de drogas sino de un día a día extremadamente violento) los va pasando al empresario quien no solo les da trabajo sino que en su propia fábrica les ofrece escuela, guardería y hasta oficio para que vayan construyendo sus propias casas.
El resultado es excelente dice el empresario, que tiene una maquila. Él ha medido el rendimiento de estas personas en su trabajo y ha definido que es de un 15% más que el del resto de trabajadores. ¿Por qué así? Rodrigo Bolaños dice que es por puro agradecimiento.
Los demás participantes en el programa mientras tanto han explicado cómo la violencia actual se engendró por no haber preparado a esos jóvenes y al país para la posguerra.
Pero también aceptan que antes de la guerra la violencia se generaba —quizás no ligada al crimen organizado como hoy— por la pobreza, la exclusión y la desatención en general de esas poblaciones por parte de los gobiernos.
Muchos salvadoreños que se fueron luego de las guerras a Estados Unidos en busca de nueva vida, fueron deportados después hacia su país portadores ya de la cultura de las maras.
Pero los gobiernos no parecen haber puesto en marcha soluciones exitosas para reinsertarlos a la sociedad. La experiencia del empresario Rodrigo Bolaños podría replicarse por medio de los gobiernos locales y no solo en los países antes mencionados, sino también en el nuestro.
La prevención de la violencia y la delincuencia es demasiado importante como para ignorarla o darle poca atención.

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