Mauricio López

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Sábado 17 Mayo, 2014

No corresponde al Presidente, ni a los ministros ensalzar públicamente a ningún colectivo, ni demográfico particular


Un saludo a la bandera

La decisión de Luis Guillermo Solís de izar la bandera de la diversidad, símbolo de los colectivos LGBTI, en Casa Presidencial y en todos los ministerios de la República ha causado una enorme controversia en el país.
Mucha de la oposición proviene de posiciones religiosas o moralistas, pero hay quienes lo consideramos improcedente desde una perspectiva meramente política.
¿Qué tiene de malo?
En sí mismo, nada. Fue un acto simbólico contra la discriminación a las minorías sexuales, y a favor de equiparar sus derechos civiles, causas que muchos costarricenses apoyamos categóricamente. Entonces, ¿cuál es el problema?
El momento es inoportuno. A pocos días de asumir la presidencia y ante los enormes retos que enfrenta el país, paralizado por una huelga de maestros y agobiado por la situación fiscal, tomar una decisión que divide profundamente a la sociedad no parecía lo más adecuado.
La campaña política quedó en el pasado, y ahora más que buscar argumentos para dividirnos le corresponde al Presidente unir, crear consensos y establecer alianzas con todos los sectores para buscar juntos la solución a los grandes problemas que enfrenta el país. El acto fue tomado por muchos costarricenses como una provocación y un irrespeto; si su motivación fue noble o no desde el punto de vista político y social, es irrelevante.
No corresponde al Presidente de la República, ni a los ministros de Estado ensalzar públicamente a ningún colectivo, ni demográfico particular. ¿Si lo hicieron con las minorías sexuales con qué argumentos le van a negar esta deferencia a otros grupos de interés organizados? Algunos inconformes señalaban que el día anterior se celebraba el Día de la Familia y el Día del Agricultor. ¿Son acaso las familias y agricultores costarricenses menos dignos de un agasajo público que las minorías sexuales?
Casa Presidencial es un lugar solemne y no debe prestarse para reivindicaciones de grupos específicos. La bandera de la diversidad puede representar ideales muy loables pero no representa a todos los costarricenses. Por otra parte el acto mismo de izar una bandera simboliza mucho más que respeto o defensa de derechos, simboliza simpatía, adhesión, aval y eso no es algo que le corresponde al Presidente decidir sino a cada costarricense. La ÚNICA bandera que debe ondear en Casa Presidencial es el Pabellón Nacional.
Hace tan solo dos semanas el partido oficialista estuvo a punto de cambiar su “enorme convicción” a favor de los derechos de las minorías por tres votos en la elección del directorio legislativo. Por tanto esta manifestación podría tomarse por algunos como un acto de demagogia que poco tiene que ver con defender derechos fundamentales y mucho con cálculo político.
No se logró nada. Si el presidente Solís realmente estaba tan comprometido con la agenda de derechos de las minorías sexuales debió hacer algo más sustantivo que atendiera directamente la problemática de fondo. Pudo mostrar su compromiso firmando un decreto para que las instituciones públicas, especialmente la CCSS, respeten los derechos de las parejas del mismo sexo. Sin embargo se fue por la ruta fácil, la de la parafernalia y la charlatanería, y al final del día todo quedó en un saludo a la bandera.

Mauricio López