Juan Manuel Villasuso

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Martes 11 Mayo, 2010


Dialéctica
Un cambio de talante

El talante es el modo o manera en que se hacen las cosas. Tiene que ver con la disposición individual respecto a las tareas que se acometen y al trato que se brinda a las personas con las que nos relacionamos. En la conformación del talante influyen la voluntad y el deseo; y expresa la valoración que hacemos de los otros seres humanos. Es por eso que constituye un reflejo del alma de cada uno.
En política, como en casi todas las esferas de la vida, las formas son tan importantes como el fondo. La necesidad de dialogar y de negociar son elementos esenciales de la democracia y demanda actitudes de respeto hacia todos los interlocutores. Por esa razón el talante tiene una especial y singular importancia en el devenir cívico de los pueblos.
El pasado sábado 8 de mayo, como es tradición en Costa Rica cada cuatro años, se produjo el cambio de gobierno. Laura Chinchilla asumió la presidencia de la República y dejó atrás el cuatrienio de la administración Arias.
El traspaso del solio presidencial posiblemente no significará un cambio en las políticas públicas que tienen que ver con el modelo de crecimiento basado en la apertura de los mercados, la competitividad internacional y la atracción de inversión extranjera. Confiamos, sin embargo, en que el nuevo gobierno acompañe esa estrategia, henchido del mismo interés y voluntad, con mecanismos de distribución del ingreso y programas sociales sustentados en principios de solidaridad y equidad.
En lo que sí pareciera que se va a producir un cambio notable, un giro de 180 grados, es en el talante y en la forma de hacer política que se vislumbra en Zapote. Tal vez por la víspera podamos sacar el día. Primero fueron los gestos. La visita de la presidenta electa a los candidatos derrotados en las elecciones y a las organizaciones sociales de todos colores y vocaciones. El sábado pasado fueron las palabras pronunciadas en el discurso de investidura. Esto fue lo que dijo textualmente:
“Me presento con la humildad de quien sabe que no podrá tener éxito en su tarea si no es capaz de convocar a ella a todas y todos los ciudadanos de buena fe. Me presento con los brazos abiertos para estrechar en ellos a Costa Rica, con toda su gente, en toda su geografía, en toda su unidad y su espléndida diversidad”.
“Costa Rica es la patria que compartimos y nuestro hogar común. En esta casa que nos abriga, nadie debe pretender el monopolio de la verdad. Constituye, más bien, un imperativo ético escuchar, poner oído atento y deliberar. Esta premisa orientará la acción de mi gobierno. Guiado por ella, abriré las puertas a todas y todos los costarricenses; no solo a los partidos políticos y a los gremios sociales o empresariales, sino también a los ciudadanos que a menudo nadie representa. Mi gobierno se esforzará en ser de todas y de todos, en procura siempre del bien común, con respeto y mente abierta”.
Sabias y profundas palabras de doña Laura, verbo que abre espacios para el diálogo franco y constructivo y que augura conversaciones respetuosas, sin descalificaciones ni menosprecio hacia quienes mantengan posiciones diferentes. ¡Cuán distintas habrían sido las cosas en estos últimos cuatro años si ese mismo espíritu hubiera prevalecido en quienes ostentaban el poder!
Un nuevo capítulo se abre en la historia costarricense. Atrás quedan las virtudes y pecados de los que nos gobernaron. Ahora ya son pasado y habrá que dejar transcurrir el tiempo antes de poder emitir un juicio equilibrado. Mientras tanto, saludemos a la nueva Presidenta y elogiemos su buen talante.

Juan Manuel Villasuso