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Domingo, 20 de octubre de 2019



COLUMNISTAS


Un mundo plano

Natiuska Traña [email protected] | Viernes 29 marzo, 2019


Mientras me tomo un mocca, sueño con un mundo plano.

La igualdad salarial entre hombres y mujeres es una necesidad y un derecho impostergable, con ambos en condición de igual, en el mundo plano; nadie está arriba del otro en función de un cromosoma que los diferencia.

Recientemente se aprobó en segundo debate el Proyecto de Ley de Igualdad Salarial entre Hombres y Mujeres. Nuevamente Costa Rica da un paso adelante en cuanto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados en 2015 por las Naciones Unidas y sus estados miembros para por fin empoderar a todas las mujeres y las niñas.

La reforma de la Ley de Promoción de la Igualdad Social de la Mujer reza que deberá existir igualdad salarial de las mujeres y los hombres en mismos puestos o en puestos diferentes que tengan equivalencia en funciones o tareas, aplicable tanto para el sector público y privado.

Finalmente la crisis y las luchas han hecho al gobierno darse cuenta de que la participación equitativa de las mujeres no es un tema antojadizo, sino una oportunidad de que la participación igualitaria en la economía genere el aumento del Producto Interno Bruto. La igualdad de género no solo busca avances sociales, sino que produce crecimiento económico.

Muchos países aún se encuentran atascados en la implementación de políticas públicas que puedan reducir la brecha salarial, pues no existen mecanismos que obliguen a los patronos a la transparencia de las retribuciones a sus colaboradores y se sigue penalizando el empleo por la maternidad.

Este es un gran paso en una política orientada a la igualdad y la corresponsabilidad que no solo busca cerrar una brecha salarial, sino una brecha laboral que siempre ha sido una injusticia social.

La creación de una Comisión Interinstitucional de Igualdad Salarial entre Hombres y Mujeres no es suficiente para darle seguimiento al cumplimiento de esta nueva normativa que está por convertirse en Ley de la República, sino que debe mediar todo el cambio a nivel interno de las empresas e instituciones que permita controlar el cumplimiento y que los trabajadores, así como las trabajadoras, puedan reclamar los casos de discriminación. Lo anterior es porque de repente podría confundirse que trabajadores en un mismo nivel salarial, pero con mayor productividad, pudieran verse “discriminados” al no poder recibir un mayor pago por su talento o distinción o, por el otro lado, una ola de aumentos salariales a empleados en general que son menos productivos, por lo que, como toda ley con buenas intenciones, de ser mal aplicada sus resultados serían más que desafortunados.









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