Luis Alejandro Álvarez

Luis Alejandro Álvarez

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Miércoles 21 Febrero, 2018

Un balotaje particular

En febrero de 2002 Costa Rica por primera vez en la historia pospuso para abril la decisión de escoger a su Presidente. En ese entonces, de los tres actores principales, quedó fuera el nuevo PAC, que apenas superó el 25% de los votos, mientras que el PLN y el PUSC se adueñaron de un 68% de los votos válidos.

En aquel momento quienes se habían decantado por la tercera fuerza, de forma nada responsable, y con arrogancia plasmaron sus calcomanías rojiamarillas: “Por la patria. Yo ya voté”. Un claro llamado a no votar en el balotaje.

En 2014, ambos partidos que escogieron los ciudadanos para el balotaje, aglutinaron un 61% de los votos.

El hoy Presidente de la República decidió no negociar nada con ninguna de las otras fuerzas políticas. Excluyendo cualquier aporte que pudieran dar a su eventual gestión.

Se sentía muy seguro de llegar a Zapote por el fuerte sentimiento anticontinuismo que se respiraba en el ambiente, algo de arrogancia, y con la colaboración del otro candidato que decidió retirarse, aunque la ley no lo permite.

Hoy, ambas fuerzas que han ido al balotaje, apenas aglutinan un 46% de los electores que acudieron a las urnas.

Un 45% de los electores que no votaron por ninguno de los que se ganaron el pase a abril, votaron por tres partidos, PLN, PUSC y PIN o Juan Diego Castro, que hoy agrupan votantes que deben ser conquistados por alguna de las dos fuerzas.

Igual hubo un 9% que confió en las propuestas y candidatos de los otros siete partidos.

En el caso de Fabricio, del PRN, el 75% de los votantes no le consideraron como viable, y en el caso de Carlos, del PAC, fue el 79% quienes le desecharon.

Nunca en la historia de Costa Rica hubo un voto tan disperso en tan diferentes fuerzas.

Hoy ninguno de los partidos que quedaron fuera deben tomar una postura irresponsable como la del PAC en 2002 y a la fecha no ha habido señal alguna de ello.

Las circunstancias de esta elección son muy diferentes a las anteriores y tanto uno como el otro deben conquistar a los electores que no les confiaron.

Los dos candidatos Alvarado, deben abocarse en este proceso de reuniones que tienen con diferentes excandidatos, expresidentes, y autoridades de otros partidos a establecer puentes, y atraer de las otras fuerzas figuras de peso y de los equipos de trabajo para lograr que electores que no les favorecieron con el voto les vean como alternativa.

Hay mucho sobre la mesa, el tema fiscal, infraestructura, seguridad, y transporte público, entre otros, son apremiantes, y dentro de las responsabilidades de las nuevas autoridades que sean electas, está por supuesto el ser una administración enfocada a favorecer a TODOS los costarricenses. Tanto uno como el otro, deben ajustar sus programas de gobierno, con propuestas efectivas y reales. Delinear las acciones concretas que se ejecutarán, ojalá con plazos, pues hace cuatro años hubo muchas que quedaron en el papel.

De efectuarse algún acuerdo con alguna fuerza, ya sea partido político u otra organización, deben ser a la luz de la opinión pública.

No podemos darnos el lujo de acuerdos a espaldas de la ciudadanía, o acuerdos contrapuestos, como hizo Acción Ciudadana con el Frente Amplio y la Unidad Social Cristiana en relación a la Reforma Procesal Laboral en la Asamblea Legislativa.
Costa Rica hoy ha dado un mensaje muy claro: Ya no tolera ese tipo de jugarretas.