Alejandro Madrigal

Alejandro Madrigal

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Viernes 9 Febrero, 2018

UN 4 DE FEBRERO PARA NO OLVIDAR

El pasado domingo 4 de febrero nos deja un resultado muy doloroso que no debemos olvidar, pero que no nos debe quitar la esperanza. Ese día pasé 14 horas trabajando con números. Ese fue mi aporte a una campaña y a un candidato presidencial en el que creo. En la noche, una vez que dejé de ver tendencias, porcentajes, regiones, comportamientos y proyecciones; y vi lo que había detrás de esos números, me di un golpe de realidad que me despedazó por dentro.

Yo amo este país y el resultado de esa noche es sumamente doloroso. Es muy duro ver que medio millón de personas hayan decidido su voto por un candidato que no les ofrecía otra cosa más que “defender” un restringido modelo de familia que representa solo una pequeña parte de nuestra sociedad. Un candidato cuya única promesa que resonó entre la gente fue sacarnos del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, que tantas garantías implica para Costa Rica, con tal de impedir que dos personas que se aman puedan unirse en matrimonio. Una acción que solo un líder dictatorial propondría, poniendo el nombre del país en ridículo internacional. Un candidato que no tiene idea de cómo liderar la solución de los grandes problemas del país, que no tiene equipo ni un plan de gobierno sólido ni coherente, pero que prometió perseguir a las personas gais, lesbianas y trans. Eso bastó para dispararlo al primer lugar. Duele mucho más ser las personas que recibimos tanto odio, que con tal de que nos quiten nuestros derechos, medio millón de personas vuelcan una elección.



Es tanto el odio, la discriminación y el fundamentalismo religioso, que ese medio millón de personas prefieren que la economía del país siga en peligro, que el desempleo no se solucione, que la criminalidad continúe afectándonos, que la desigualdad siga creciendo, o que la violencia no disminuya, con tal de no ver a dos personas del mismo sexo uniéndose en matrimonio. Con tal de luchar contra la ideología de género, que nadie sabe qué es, porque no existe.

¿De dónde se origina esto? Precisamente en el tipo de sociedad que hemos construido durante décadas. Una sociedad que produce riqueza, pero no la distribuye, que tiene a un millón de personas sumidas en pobreza, que excluye a tanta gente del sistema educativo o que deja a tantas personas sin opciones de empleo e ingresos dignos y los abandonan a merced del crimen y la exclusión. Una sociedad que reproduce la ignorancia y la fe ciega. La fe que no distingue el amor del odio, que no distingue la moral personal de los derechos universales, que no distingue que todos somos iguales y que no es la fe por sí sola, sino nuestras acciones, las que nos hacen buenas personas.

Fabricio Alvarado representa todos los problemas de cuando la fe deja de ser fe y se convierte en fanatismo ciego. Su discurso tiene manipulados a cientos de miles, creando un enemigo y una amenaza inexistentes, como tantos otros líderes radicales en la historia de la humanidad. Enemigos ficticios, porque la familia se ve amenazada por problemas reales como la violencia, el machismo, la pobreza o el alcoholismo. No existe forma de que parejas del mismo sexo amenacen de alguna manera la familia de cualquier persona, y contra ninguno de esos problemas Fabricio Alvarado ha hecho nada.

Además de que su corriente fundamentalista lo que pretende es instaurar un gobierno teocrático en Costa Rica, donde su Iglesia en particular y el Estado sean uno solo, echando para atrás varios siglos desde que las sociedades occidentales aprendimos la valiosa lección histórica de que el Estado y la Iglesia deben estar separados. Basta con ver en Medio Oriente lo que ocurre cuando esta sana separación se rompe. Las instituciones religiosas deben ser un actor más en la sociedad, pero no puede una de ellas ser el actor central que gobierne, porque eso se traduce en injusticia. Todas las personas deben tener igual derecho a tener una u otra creencia, o ninguna si es el caso, por lo que no puede ser que una creencia en particular gobierne y le pase por encima a las demás. Justamente la Convención Interamericana de Derechos Humanos incluye en su marco las garantías para la libertad religiosa. Todos perdemos si salimos de ese sistema.

Nos queda un reto enorme enfrente. Ante la segunda ronda que viene en siete semanas, no se vale la neutralidad ni la expectación. Mucho menos abandonar nuestro deber de votar por no sacrificar medio día de vacaciones. Todos debemos ponernos la camiseta, aportar nuestro grano de arena y salir a convencer, con amor, paciencia y respeto a cuanta persona podamos de por qué no podemos tener un presidente fundamentalista lleno de odio. Menos cuando tenemos en frente a un candidato tan sensato, con mucha mayor preparación, con un equipo y propuestas sólidas en múltiples temas que sí aquejan a la sociedad costarricense y que defiende los principios básicos de una sociedad respetuosa e inclusiva como Carlos Alvarado. Sin embargo, esto no es por un partido, no es por el PAC, es por Costa Rica. Porque hemos sido ejemplo histórico y regional de lo que una sociedad moderna y respetuosa de los derechos humanos debe ser y hoy un grupo radical nos quiere hacer echar para atrás. No perdamos la esperanza, no seamos neutrales, que aún podemos rescatar Costa Rica.