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Costa Rica es pionera en el sector, donde se practica desde hace dos décadas
Turismo rural sustenta a 3 mil personas
- El visitante conoce la cultura del país en su interacción con los habitantes de la zona
- Actuar y Cooprena, tour operadores, acaban de conseguir la quinta hoja del Certificado de Sostenibilidad Turística


Daniel Zueras
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Conocer las costumbres y la idiosincrasia de un país tan solo es posible adentrándose más allá de los “todo incluidos”, mundos perfectamente prefabricados donde se sucumbe ante el relax, pero también sin el alma del lugar en que se ubica. Igual da que esté en Tailandia que en Guanacaste.
Hay un tipo de turismo que busca precisamente adentrarse más allá de todo esto, convivir con el campesino, con el indígena, con el pescador, y poder decir que se conoció a fondo el espíritu de Costa Rica, más allá del eslogan de “pura vida”, el gallo pinto y la brisa bajo el sol de nuestras costas o las cumbres volcánicas.
Unas 3 mil personas viven del turismo rural comunitario en Costa Rica, explicó Kyra Cruz, presidente de Canturural, cámara que agrupa a quienes se dedican a esta actividad que vincula el disfrute de los visitantes con la vida rural y agropecuaria.
Conocido en otros lugares como agroecoturismo, Costa Rica es pionera en
el sector, donde se practica desde hace dos décadas. Este tipo de turismo favorece el vínculo entre el visitante y la comunidad, con un cierto grado de aventura natural, la que día a día viven los campesinos o indígenas que brindan estos servicios, cruzando los mismos puentes colgantes que estos o realizando las mismas cabalgatas que realizan para trabajar.
En Costa Rica hay contabilizados unos 70 empresarios vinculados al sector, con 600 habitaciones.
Lo más importante en este tipo de turismo no son las camas que aporta al total del país, sino los encadenamientos productivos. El centro de todo es la posada (establecimientos rurales con un promedio de ocho habitaciones), pero a su alrededor están los que ofertan los paseos a caballo, el buceo, las caminatas… Casi siempre bajo un esquema de cooperativismo.
“Es lo que diferencia el TRC del turismo rural, que el nuestro es una herramienta para el desarrollo de la comunidad”, afirmó Cruz. Esta característica hace que frene la migración a la que se ven sometidas las poblaciones rurales. Además, se suele concentrar en zonas económicamente poco favorecidas.
El prototipo del turista que quiere conocer el alma misma de la cultura costarricense es
mayoritariamente extranjero (apenas el 30% es nacional), entre los que abundan estadounidenses, seguidos de franceses, españoles y alemanes. “Es un tipo de visitante que quiere salirse de las rutas típicas, adentrándose en la esencia del país. Es un viajero más sofisticado”.
Buena parte de los que buscan el TRC, suelen alternar con pequeños hoteles “boutique”, para buscar unos días de confort.
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