Pedro Oller

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Martes 7 Julio, 2015

Todo parece indicar que Grecia es, de nuevo, la cuna de esa metamorfosis político-económica que se ha venido gestando a nivel mundial y de la que Costa Rica no escapa

Tragedia griega

Leer el resultado del referendo griego del domingo solo por los números sería un craso error. Pensar que la encrucijada griega es solo un tema de default financiero, también.
Todo parece indicar que Grecia es, de nuevo, la cuna de esa metamorfosis político-económica que se ha venido gestando a nivel mundial y de la que Costa Rica no escapa, como lo demostró la elección del presidente Solís.


En un análisis express de AP, se apuntan cuatro razones para haber llegado a este punto:
• La borrachera del crédito. A partir de la década de los 80, la cantidad (y calidad) de cargos burocráticos fue en aumento en una apuesta del bipartidismo por acrecentar el clientelismo político en sus filas. A eso, hay que añadir una generalizada evasión fiscal. Todo pago con deuda pública.
• La llegada del euro. Esa carrera por consolidar el euro como la moneda más importante del mundo, permitió que países como Grecia se incorporaran al sistema sin practicar los cambios institucionales necesarios.
• Los nuevos ricos. La capacidad de endeudarse en euros (y no drachmas) les permitió seguir en la perniciosa espiral de endeudamiento a tasas ahora apenas un poco más altas que Alemania sin que Grecia tuviera que divulgar, como deudor, cuál era el tamaño real de su deuda. Después de todo, ¿qué podía salir mal si eran parte de la Unión Europea? Bueno, hasta 2009 en que reconoció que su deuda era impagable.
• La austeridad del rescate. A cambio de dos paquetes de rescate, la Unión Europea y el FMI pidieron recortar el gasto, el déficit y la burocracia. Estos recortes, sin embargo, no trajeron el crecimiento que los demandantes anticipaban. Por el contrario, la deuda en relación con una economía inactiva crecía así como el recelo de los acreedores hasta llegar a este punto.
Por eso, como escribía Wolfgang Munchau —columnista del Financial Times— sobre la fallida campaña del Sí en Grecia: “Lo más humillante era el argumento de que una salida de Grecia del euro traería consigo una catástrofe económica, como si la catástrofe no hubiese ocurrido ya. Si has estado desempleado cinco años, sin perspectivas de trabajo, no hace mucha diferencia que el dinero que no recibes sea en euros o drachmas”.
El reto ahora para la Unión Europea es mantener cohesión, respetar los resultados del referendo pero también negociar con Grecia de modo que, al menos a los ojos del mundo, de aquí salgan con una propuesta ganar-ganar. Para ello, los políticos y las instituciones tradicionales tendrán que perder y asumir los costos de sus programas que, si bien funcionaron anteriormente, hoy demuestran estar fallando y llevándolos al precipicio por su propia inercia o falta de capacidad de cambio.
El resultado del referendo, las señales de los tiempos y las amenazas del futuro así lo demandan.

Pedro Oller