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Tras más de 230 millones de años en la Tierra, las que fueron deidades precolombinas hoy peligran y “claman” por sostenibilidad ambiental
Tortugas se enfrentan a modelo de desarrollo

• Boom inmobiliario en las costas costarricenses es uno de los factores que han atentado contra su ecosistema
• Solo en Playa Grande de Guanacaste el número de baulas que llega a desovar descendió más de un 96% en 15 años

Eduardo Baldares
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Consideradas por los antepasados como deidades, longevas y capaces de curar enfermedades, hoy, en lugar de un símbolo de convivencia con la naturaleza, las tortugas parecen ser más un estorbo para el hombre y el auge de sus negocios en zonas costeras.
Las tortugas corren peligro mientras dos modelos de desarrollo se enfrentan en Costa Rica. Uno, impulsado por la construcción intensiva, de grandes complejos comerciales y residenciales de alto impacto ambiental. El otro, que intenta aminorar la huella de destrucción del hombre y lucha por salvarlas, el desarrollo sostenible.
Las cifras son contundentes. Playas del Atlántico que presentaban miles de tortugas en la actualidad lucen desoladas. “Hoy día la población más grande de carey de Costa Rica está en el Parque Nacional Cahuita… ¡con 25 individuos!”, detalló Didiher Chacón, coordinador nacional del Programa Latinoamericano de Conservación de la Tortuga Marina. Así de grave está la situación para algunas de estas especies.
Al otro lado de las costas, en Playa Grande de Guanacaste, el número de baulas que llega a desovar descendió en más de un 96% en solo 15 años. En síntesis, las cinco especies que desovan en Centroamérica están en peligro de extinción, de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Más allá del evidente flagelo del comercio ilegal de carne, huevos y concha, es el daño específico al hábitat de la tortuga lo que la tiene en peligro, ya sea a través de contaminación marina o desde la tierra.
Entre las críticas más concretas se cuestiona un alto grado de concentración del desarrollo inmobiliario en las zonas costeras, pero sin controles ambientales adecuados.
“Si seguimos el camino del desarrollo costero intenso, típico del Pacífico Norte, no solo las tortugas desaparecerán, sino organismos cuyos hábitats críticos se ven destruidos para cambiar el uso de suelo y transformarlo en condominios, hoteles, parqueos, campos de golf y casas de descanso”, amplió Chacón, para quien “la corrupción, la codicia, la contaminación de la política al servicio de los desarrollistas está cambiando el enfoque y la Costa Rica sin ingredientes artificiales se está haciendo de cemento y varilla”, aseguró.
La erosión en tierra producto del boom inmobiliario genera sedimentación, y esta a su vez se traduce en toneladas de materiales que no solo obstruyen el hábitat de las tortugas, sino que por su peso se ubican en los fondos donde también viven los corales, que mueren por asfixia.
Este es un problema grave, porque el coral es el único ser vivo capaz de asimilar el dióxido de carbono que produce la industrialización, principal causa del calentamiento global.
Por añadidura, los desechos que van al mar estimulan el crecimiento de las algas caulerpas, que son altamente tóxicas para las tortugas y ta
mbién bloquean los corales matándolos.
Al carecer el país de un adecuado ordenamiento y planificación ambiental del territorio se presentan los denominados efectos ambientales acumulativos. Estos efectos, que a nivel de cada proyecto pueden ser pequeños, cuando se dan masivamente “se suman y multiplican hasta convertirse en un tema ambiental muy serio que debe ser analizado y resuelto de forma integral”, aceptó Jorge Rodríguez, viceministro de Ambiente.

“Los proyectos cumplen con los trámites individuales conforme a la Ley. El problema es el número. Entonces la solución es el ordenamiento y planificación ambiental del territorio y a esto nos hemos abocado”, amplió.
Más que las construcciones en tierra, a un grupo de expertos les preocupa la nueva ley de marinas y atracaderos turísticos, porque aseguran que no ofrece garantía real de que las actividades ahí desarrolladas no impactarán negativamente los ecosistemas. Por eso la semana pasada expusieron sus argumentos en la Asamblea Legislativa, con el objetivo de llamar la atención de los diputados y convencerlos de no votarla en segundo debate. Sin embargo, solo se hicieron presentes tres legisladores.
“Esta ley no solo facilita la instala
ción de marinas, sino que establece controles ridículos”, sostuvo el oceanógrafo Guillermo Quirós, director del Instituto de Costas, mientras que Rolando Castro, asesor legal del Centro de Derecho Ambiental y de los Recursos Naturales, explicó que los estudios de impacto ambiental son reemplazados por un criterio de viabilidad técnica.
La emisión de luz, sonidos, desechos de aguas servidas jabonosas y negras, presencia de metales pesados y otros químicos derivados del mantenimiento de las estructuras los consideran aspectos que inciden directamente en las tortugas.
No obstante, los impulsores de la ley sostienen que la concesión se da simplemente como parte del trámite, lo que no implica la construcción, ya que previamente los planos deben ser aprobados por la Comisión Interinstitucional de Marinas y Atracaderos Turísticos (Cimat), y conlleva un estudio completo sobre impacto ambiental.
“Hay quienes creen que no se puede ni cortar un árbol porque según ellos es pecado. Hay que promover el desarrollo dentro de parámetros bien delimitados y esto queda bien regulado en esta ley”, comentó Luis Barrantes, diputado del Movimiento Libertario, quien está a favor junto con el resto de su fracción, la liberacionista, la socialcristiana e incluso un sector de Acción Ciudadana.
Los ecologistas consideran que la única solución es a largo plazo y consiste en enfocarse en un desarrollo sostenible. ¿Cómo? Promoviendo un ecoturismo comunitario de bajo impacto, “respaldado por estudios reales de capacidad de carga”, defendió Denise Echeverría, especialista en manejo de recursos naturales quien recomienda atraer inversión al centro del país, dándole respaldo al proyecto Planificación Regional y Urbana del Gran Area Metropolitana (Prugam).
Ampliar las zonas marinas protegidas y fiscalizar que se respeten las leyes que las rigen, así como la promoción de técnicas de pesca que no afecten a las tortugas son medidas que pueden marcar diferencia.
Las tortugas se encuentran entre los pocos animales con origen prehistórico que aún viven en nuestra era. Han sido capaces de sobrevivir y adaptarse a lo largo de miles de años, de modo que es una gran responsabilidad de la generación presente conservarlas.













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