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Sábado 23 Junio, 2012

Tolerancia es respeto

Mientras hacía unas compras en el supermercado, una voz en el altoparlante anunció que ciertas cajas registradoras estaban destinadas a atender solamente a personas con capacidades especiales. La persona finalizó el mensaje con la frase: “Le agradecemos su paciencia y tolerancia”.
Palabras que me hicieron un fuerte eco mientras, coincidentemente, buscaba en el anaquel de pastillas contra el dolor de cabeza.
Tolerancia es una palabra que suena cada vez más en el entorno social costarricense. Cuando se utiliza se hace alusión a algo ajeno o distinto a la realidad de cada quien. Si acudimos al diccionario de la Real Academia Española, encontraremos que una de sus definiciones es precisamente: “el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”. Y precisamente ahí es donde radica la clave de su significado.
Su uso se ha desvirtuado con el tiempo, al punto que esta palabra ha ido adquiriendo una connotación negativa. Como si tolerar a los demás fuera igual a soportar un dolor de cabeza o un día caluroso. El pensamiento desigual tiene que ver con las enseñanzas y las experiencias que cada cultura y cada individuo ha recibido. Si aun dentro de una misma familia las diferencias ideológicas se dan en mayor o menor medida, con mucho más razón en los grupos sociales debe existir tolerancia.
Aceptar las limitaciones, las virtudes y las diferencias no significa precisamente cambiar la forma de pensar, ni negociar valores o creencias, que al final del día son conceptos muy personales. Pero sí implica un reconocimiento al derecho ajeno a ser diferente.
La nación costarricense debe pararse frente al espejo y detenerse a apreciar la belleza de su diversidad. No existe una única forma de pensar, no somos tan iguales como alguna vez creímos serlo. Y precisamente en esas diferencias es donde debe radicar nuestra mayor fortaleza. Somos un país que ante el mundo presume de su democracia centenaria y de su respeto por los derechos humanos, los estudios internacionales nos posicionan en los primeros lugares al medir la “felicidad”; entonces debemos demostrarlo con los hechos.
Cuando hayamos trascendido y aceptado que las diferencias en vez de separar nos pueden fortalecer, podremos emprender con más fuerza tareas trascendentales, como el compromiso con el medio ambiente, con el Estado que le vamos a legar a las futuras generaciones, con los animales en riesgo o en abandono y con tantas otras que hemos descuidado.
En una sociedad en la que todos sus ciudadanos nacen iguales, ningún individuo o grupo social debería tener que darse a la tarea de reivindicar sus derechos y ganarse el respeto; más bien es un factor que debemos preservar como herencia de nuestros antepasados, dignificarlo en nuestro presente y legarlo a las futuras generaciones.
Es necesario, eso sí, que para que esto ocurra exista una representación real y oficial en el Congreso de la República. Lejos de la politiquería oportunista, que no reconoce diversidad en un voto, sino que sea un reflejo fiel de la voluntad de algunos costarricenses, para que confluya con las otras voluntades representadas.
Costa Rica necesita avanzar y ver un reflejo de la diversidad en el centro de la toma de decisiones. Entonces, quizá, le estemos dando el verdadero significado a la palabra tolerancia, que no se resume en otra cosa más que en el respeto a los demás.

José Loría
Comunicador
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