Ticos se olvidan de bonos para acceder a vivienda
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Cada vez menos costarricenses utilizan la alternativa del bono de vivienda, a pesar de que las entidades financieras aumentan la cantidad y el monto disponibles para subsidios.

Solo un 45% de las construcciones con fines residenciales utilizó esta modalidad de financiamiento al cierre del año pasado.

La disminución es constante desde 2010, cuando los hogares financiados mediante ese instrumento representaban el 60% del sector.

Esto indica que en anualmente se ha presentado una caída promedio del 4,2% en el uso de esta alternativa.

Tradicionalmente las familias con ingresos bajos son las más beneficiadas; sin embargo, la relativa recuperación del sector vivienda y la participación estatal en erradicación de tugurios y fortalecimiento de programas sociales, han hecho que la opción del bono disminuya.

“El peso de los subsidios en la construcción se ve disminuido si se analiza la participación a partir de la cantidad de metros cuadrados; la colocación de estos montos en el mercado ha sido un poco lenta, además hay otros indicadores económicos que hacen que las personas busquen otras alternativas”, expresó Minor Rodríguez, gerente general de la Fundación Promotora de Vivienda.

Cada familia recibe en promedio ¢6,5 millones por concepto de bono; no obstante, los movimientos de mercado han llevado a que el costo mínimo de una vivienda sea de unos ¢40 millones, por lo que optan por recurrir a un crédito bancario más grande.

La tramitomanía y el tiempo necesario para aprobar la subvención, podrían terminar enterrando esta alternativa.

Por otro lado, el aporte de las construcciones residenciales de capital privado, especialmente condominios con precios atractivos, es otro factor que explica por qué cada vez se usan menos bonos, aunque la mayoría se encuentra en la Gran Área Metropolitana. 

Expertos inmobiliarios concuerdan en que el sector residencial podría estar a punto de la saturación, de hecho, la cantidad de obras de vivienda para el primer semestre de 2017 cayó casi un 15% en comparación con el mismo periodo de 2016.

“Los demandantes de vivienda buscan una mayor facilidad para satisfacer sus necesidades: los proyectos ya hechos se están convirtiendo en una elección común entre los usuarios porque se evita el riesgo propio de la construcción individual como la compra de lote, escogencia de profesionales para las obras, variaciones en los precios de los insumos, entre otros”, comentó Ricardo Tapia, asesor económico de la Cámara de Construcción.

El panorama para el resto del año es que se mantenga la tendencia y el bono siga perdiendo participación como alternativa para acceder a vivienda; en el caso de los proyectos para familias de clase media alta y alta tampoco se vislumbra un crecimiento importante. 

 


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