Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 31 Octubre, 2017

Reflexiones

Ticos más pobres pero menos miserables

Suena contradictorio lo que dice mi título de esta columna, pero si terminas de leerla, seguramente encontrarás la respuesta. Para quienes desconocen sobre el uso de la estadística y su adecuada interpretación, los resultados de los estudios en poblaciones, basados en muestras, pueden resultar engañosos y confundirlos. Cuando se quiere decir a fuerza algo que importa, se olvida que la estadística y las encuestas no son precisas y que por lo tanto, un rango de cambio pequeño puede significar cosas muy distintas, según los ojos e intereses de quien lo mire. Los datos de pobreza medidos por línea de ingreso entre 2016 y 2017, publicados por el INEC esta semana anterior, claramente no son concluyentes sobre si se ha avanzado o se ha retrocedido en materia de disminución de la pobreza. Lo anterior, dado que las mediciones de pobreza basadas en línea de ingreso muestran un cambio estadísticamente no significativo en la pobreza en su conjunto para el país en este último año.

Este fenómeno estadístico nos indica que perfectamente podemos haber estado igual o inclusive, que la pobreza pudo aumentar levemente o disminuir levemente en este periodo. Los tres resultados resultan plausibles, estadísticamente hablando. Así que para quienes han venido manifestando con bombos y platillos el anuncio de la reducción de la pobreza, los invitaría a tomar nuevamente su clase de estadística inferencial en la Universidad. Cuando vemos a los datos y las mediciones en concreto, resulta ser que el ingreso promedio de las familias costarricenses ha disminuido, es decir, en promedio los costarricenses hemos tenido una pérdida de nuestra capacidad de compra, medida por el nivel de ingreso disponible, dicho de una manera coloquial, los costarricenses en promedio somos todos más pobres en 2017 respecto a 2016.

Cita el INEC en su comunicado sobre el tema que, “En el ámbito nacional para el 2017, el ingreso promedio por hogar es de ¢1.034.362 mensuales, mientras que el año anterior fue de ¢1027.291 mensuales, lo que representa un incremento nominal de 0,7%, no obstante, esta variación es inferior a la inflación del periodo (1,8%), lo que implica una disminución en términos reales de 1,1%. El ingreso por persona en el 2017 es de ¢368.227, de igual manera muestra una disminución real (2,1%)”. Dado que la línea para medir la pobreza se basa en la línea de ingresos, si disminuye el ingreso, tenemos una línea de pobreza que asume un ingreso menor, al del 2016 para su contabilidad, por lo que la línea de pobreza en términos reales será menor. De tal manera que en 2017 podemos haber contabilizado como no pobre, a alguien que efectivamente era pobre en 2016 y apenas mantuvo su nivel de ingreso real en 2017, por lo que con la nueva línea de pobreza se pasó a la categoría de no pobre, solamente por el efecto de los promedios. Este fenómeno estadístico nos habla de lo vulnerable que es el indicador de línea de pobreza, medida por el ingreso mínimo de las familias, ante interpretaciones sin fundamento o descuidadas. Así las cosas un pobre en 2016 puede ser no pobre en 2017, simplemente porque los ingresos medios reales bajaron y como tal, se requieren menos ingresos reales para cruzar la línea de pobreza en 2017.

De igual forma, a pesar de que en la categoría de extrema pobreza estamos teniendo un salto positivo y estadísticamente significativo, debemos medir el impacto que la definición del ingreso medio disponible real por persona genera en la línea de pobreza rural, dado que un pobre extremo en la zona rural pudo haber simplemente mantenido su ingreso y haber pasado de extrema pobreza a pobreza, solamente por la situación general del promedio de la población respecto a su ingreso disponible. Si todos en promedio somos más pobres, es decir, tenemos menos ingreso, la pobreza relativa de los más pobres disminuye y somos entonces, un poco más iguales. En este caso en particular, al menos en las zonas rurales, el ingreso del primer quintil ha sufrido un aumento de más del 4% en sus ingresos disponibles en términos reales, por lo que claramente el efecto se sobredimensiona, dado que sube más que proporcionalmente sus ingresos que el promedio de la sociedad que baja un 2,1%, al disminuir el límite de pobreza por ambas vías, la caída del ingreso promedio real y el aumento del ingreso real del primer quintil o población menos favorecida.

Se trata entonces de tener mucho cuidado con soltar las campanas al viento y decir, que tenemos un país de menos pobres en este 2017. La verdad de los datos es que si efectivamente ha disminuido la pobreza extrema de las zonas rurales, pero se ha empobrecido el promedio de la población y no existe evidencia estadística que indique que la pobreza medida como línea de ingreso ha disminuido en su conjunto. Es decir, lo que ganamos en una parte, lo perdimos en otra. En este 2017 los ticos somos en promedio más pobres, pero menos miserables.

En conclusión, podemos decir que si bien la focalización de las ayudas estatales a los pobres extremos ha sido efectiva en este año 2017, generando un aumento en el ingreso real de los pobres extremos. Sin embargo, la solución a la pobreza no se encuentra en el subsidio estatal. Este último, es importante para abatir la extrema pobreza, algo que denigra a los que vivimos en este país. Pero a mediano plazo, la solución a la pobreza debe partir de una mejora significativa en los indicadores de empleo y de ingreso de las familias, tanto en magnitud como en calidad de los mismos. No obstante lo anterior, debemos cuidar y valorar el costo-beneficio de la disminución de la pobreza extrema, vía subsidio estatal. Si bien procede gastar más en abatir la pobreza extrema, deberíamos preguntarnos, ¿cuánto nos ha costado dicho programa?, este tema quedará para una futura reflexión.

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