Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 24 Marzo, 2011


Vericuetos
Ticas lindas ¿y cultas?

A mí me parecen superficiales e innecesarios, pero reconozco el derecho de quienes se apasionan por esto de los concursos de belleza.
Mis respetos a los que los consideran importantísimos aunque la inmensa mayoría podemos vivir sin su glamour.
Más allá de los negocios colaterales, que deben ser la principal motivación de la mayoría de los que se involucran en ellos, supongo que los intereses de las aspirantes a misses tendrán que ver con promocionar su imagen, elevar su amor propio, lograr el reconocimiento y halago popular y, por qué no, mejorar el curriculum, lo que de alguna manera debería ayudar a labrarse un mejor futuro.

Me pregunto ¿de dónde viene eso de la designación de “Miss Costa Rica” y quién y con qué autoridad se toma la atribución de escoger una señorita para que nos represente, a todos, en un concurso-negocio internacional? Desconozco si hubo una licitación y una concesión del Estado, de hecho ignoro si existe una ley específica en este país de leyes absurdas que reconozca a los organizadores la facultad de designar a alguien para que nos lleve a todos en la banda, para bien o para mal.
¿Qué atributos tienen las misses elegidas y cuáles son los criterios de calificación? No sé si existen pero valdría la pena que se hagan públicos, al menos para que se sepa que quien desfila por una pasarela con el nombre de Costa Rica en el pecho se lo merece de verdad.
Un diario nacional publicó el martes pasado el resultado de un “misses-quiz” al que se sometieron las diez candidatas actuales al título. El resultado, que da pena ajena, no deja de representar el nivel de la educación en el país y la pobrísima cultura general de una generación que desdeña el conocimiento de los temas nacionales.
A las concursantes se les preguntó cuántos años de independencia tenemos y cuál TLC se discute en el Congreso; se les pidió citar dos escritores y tres parques nacionales, así como señalar la capital de Brasil y la sede del próximo Miss Universo.
Solo tres jóvenes salieron airosas con todas las respuestas acertadas. La mitad no conoce nuestros escritores y una nacionalizó a García Márquez de un plumazo (¡!). Para cuatro no se ha aprobado el TLC con Estados Unidos y dos no tienen ni idea del tema. Tres no conocen los parques nacionales y una no pudo citar ni uno. ¡Plop!
Una de ellas no sabe ni tiene idea de cuántos años celebraremos de vida independiente. O sea, o no fue a la escuela, o no sabe contar. Patético.
Con estos resultados, un jurado no debería tener ninguna duda: alguien que no conoce lo más elemental de la vida nacional no puede representar a nuestro país, salvo que, triste recuerdo, quieran rememorar el papelón de la Ministra Goyenaga, la breve.
Con esa autoridad nacida de la nada, el comité organizador debería hacer un ejercicio de selección basado en criterios mucho más estrictos. Nadie que no pueda contestar un cuestionario de conocimientos básicos puede optar por esa corona, ni por otra.
En estos tiempos de los silicones, donde la belleza se puede escoger en un catálogo y moldear a pedido de la cliente, es indispensable anteponer la inteligencia y la cultura a cualesquiera otros atributos.
Y si las cosas fueran como deben ser, las señoritas que no pasaron el quiz deberían salirse solitas, por mínima vergüenza.
Supongo que habrá alguien que interponga un sala-cuartazo para que a la elección no se presenten las que no sepan el Himno Nacional. ¿Lo saben?
Porque las ticas no solo tienen que ser lindas.

Tomas Nassar