Luis Muñoz

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Viernes 18 Enero, 2008

Terrorismo en Costa Rica


Luis Alberto Muñoz
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El título de este artículo puede parecer exagerado para algunos, posiblemente para aquellos que todavía no han vivido el terror impuesto por las bandas profesionales de delincuencia que tienen sometidos al Gobierno y a los ciudadanos.
El terrorismo no es un asunto lejano o exclusivo de choques ideológicos o religiosos que solo sufren Colombia, Israel, España y Estados Unidos, entre otros; para los costarricenses la creciente imposición de un régimen de terror por parte de los ladrones es una realidad irrefutable.
No se puede negar que millones viven hoy en Costa Rica bajo constante zozobra, atemorizados, angustiados, por los bajonazos, los secuestros, la invasión de casas, actos que demuestran una tendencia cada vez más violenta y que frecuentemente terminan con la muerte.
No hay dudas de que estamos ante un fenómeno distinto, esta vez enfrentamos un hampa extremadamente organizada, internacionalizada y constituida como un negocio rentable ante los pocos obstáculos que ejerce un gobierno ridiculizado y amancillado por las constantes victorias del crimen sobre el supuesto Estado de derecho que debiera defender.
La gran deuda de la administración pública hacia los contribuyentes alimenta el resquebrajamiento de la confianza ciudadana sobre las instituciones democráticas.
La inseguridad sin prórrogas ha superado la capacidad de reacción del Gobierno, el cual luce postrado ante un nuevo régimen antidemocrático fundamentado en la dominación por el terror en las calles.
Esta vez, las autoridades ni siquiera han tenido cabida para declararle la guerra definitiva al hampa, las esperanzas como de costumbre se reducen a una nueva comisión legislativa, que aunque parezca broma tiene hasta 2010 para estudiar “el tema”.
Mientras los criminales siguen infundiendo el terror en las calles, el Ministerio de “Seguridad” continúa acumulando “galardones” por su efectiva lucha contra el trasiego internacional de drogas.
Es posible que ante los intereses externos, el bienestar de los ciudadanos ya no sea el principal objetivo.
Es imperativo que el crecimiento económico, que tanto enfatizan las autoridades monetarias, se transforme en mejores condiciones de vida; es decir, que atienda lo que según las encuestas constituye la principal preocupación nacional, la inseguridad.
La lucha contra este tipo de terrorismo en Costa Rica es indispensable para el progreso.