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Jueves, 17 de octubre de 2019



COLUMNISTAS


¿Tenemos una agenda energética desconectada de las necesidades económicas y sociales del país? (V)

Roberto Dobles [email protected] | Lunes 23 septiembre, 2019


En las columnas anteriores de esta serie se analizaron cuatro de los factores claves que contribuyen a desconectar la agenda energética del país de las crecientes necesidades y exigencias nacionales e internacionales, las cuales son necesarias para poder prosperar económica y socialmente en el nuevo entorno mundial cada vez más exigente y competitivo.


Estos cuatro factores son los siguientes:


• La falta de prioridad para desarrollar energía de bajo costo (constatada en la realidad de los resultados, la cual es un componente clave hoy en día en la competencia mundial y para potenciar el desarrollo económico y social.


• La fijación de los precios de la energía por parte de la ARESEP con base en el “principio del servicio al costo”, que termina siendo en el “principio de servicio a cualquier costo”.


• La falta de competencia entre las fuentes de energía, la cual es un mecanismo clave que se utiliza en el mundo para fomentar el desplazamiento progresivo de las fuentes viejas por las fuentes nuevas que están emergiendo, lo cual conduce, entre muchas otras cosas, a reducir continuamente los costos de la energía y las emisiones al ambiente de los países.


• La no incorporación a la matriz energética nacional, de manera relevante, de las fuentes de energía líderes en el mundo que están impulsando la transición energética, la reducción de los costos de la energía, la reducción de las emisiones al ambiente (incluyendo la descarbonización).


En esta columna se analiza otro de estos factores claves que desconecta la agenda energética nacional de las necesidades económicas y sociales del país y de la realidad internacional:


• La estructura o modelo actual del sector energético nacional, que proviene de un entorno del siglo pasado que es bastante diferente al nuevo entorno que está emergiendo en el mundo en este siglo.


El nuevo entorno mundial es mucho más exigente que el del pasado e impulsa fuertemente la transición energética mundial, la reducción de los costos de la energía y la reducción de las emisiones al ambiente.

Es importante señalar que el sector energético nacional no está aislado de lo que ocurre en el mundo, ya que compite fuertemente con los sectores energéticos de los países con los que competimos en el comercio internacional y en la atracción de inversión extranjera directa (IED).

En materia de atracción de inversión extranjera, CINDE ha llamado la atención sobre este tema al señalar que “el alto costo de la energía eléctrica en nuestro país y el modelo imperante en el sector afectan directamente la llegada y permanencia de compañías multinacionales, fuentes indudables de trabajos de calidad para los costarricenses dentro y fuera de la Gran Área Metropolitana”.

Y es que la inversión extranjera directa ha venido disminuyendo en el país, tal como ha sido reportado recientemente. Según datos del Banco Central, la “Inversión extranjera cayó 22% el año pasado”.

La gran competencia energética internacional se da a través del costo de la energía contenida en los bienes y servicios que compiten en el mercado nacional y en los mercados de esos países.

En este sentido, existe una férrea competencia energética internacional en la cual nuestro país está continuamente perdiendo terreno porque el sector energético nacional es caro y está bastante desconectado de la realidad energética mundial en varios factores claves, incluyendo los factores que he señalado en esta serie de columnas.

Los costos de la energía aquí son crecientes y más altos, en relación con los costos más bajos en muchos de los países con los que competimos.

Las empresas nacionales, que solo venden en el mercado nacional, se ven afectadas porque los productos y los servicios que vienen del extranjero tienen costos energéticos más bajos. Las empresas nacionales que adicionalmente exportan no solamente se ven afectadas por los productos y los servicios que vienen del exterior con costos energéticos más bajos, sino que además se ven afectadas en la competencia de sus productos y servicios en los mercados internacionales.

Al igual que las empresas nacionales, las empresas extranjeras que se han instalado aquí se ven también afectadas en el mercado nacional y en los mercados internacionales. Muchas de estas empresas se han ido y otras no vendrán.

La pérdida de competitividad energética nacional con respecto a otros países contribuye así a obligar a muchas empresas nacionales y extranjeras a reducir sus operaciones o a cerrarlas porque los bienes y servicios que vienen del exterior o que se comercializan en los mercados internacionales tienen costos energéticos menores.

Con estas disminuciones de operaciones o cierres disminuye el crecimiento económico, lo que aumenta, entre muchas otras cosas, el desempleo y la pobreza y reduce la recaudación de recursos fiscales.

En los países exitosos en el mundo hay cada vez más competencia en el sector energético como un mecanismo eficiente y eficaz para reducir los costos de la energía y las emisiones al ambiente y para fomentar la transición energética (incluyendo la descarbonización como parte de esta transición).

Los estudios internacionales señalan que se está dando una creciente competencia en el sector energético de los países, la cual está provocando una reducción de los costos, una mayor y más rápida transición energética, una mayor descarbonización en condiciones competitivas de costo y un menor crecimiento de las emisiones al ambiente. Algunos de estos estudios son los que se señalan a continuación.

En su más reciente Energy Outlook 2018 Edition se señala que “BP ve una creciente competencia en el sector energético”. En este estudio se señala también que la progresiva “combinación de diversidad y abundancia (energética) significa que el mercado será altamente competitivo”.

El Foro Económico Mundial nos ha recordado también lo siguiente en un informe titulado “Energy as a Competitive Advantage”:


• “Las naciones desarrolladas y las economías emergentes ahora están orientándose hacia políticas que permiten un mayor control sobre el suministro y el costo de la energía para sus ciudadanos y las empresas ubicadas allí”.


• “A pesar de las políticas ‘verdes’ fuertemente expresadas, la economía básica (‘basic economics’) domina las políticas energéticas”.


• “La tecnología es un impulsor (‘driver’) clave de la política energética. Los adelantos tecnológicos, que reducen continuamente los costos de la energía y aumentan la eficiencia, están expandiendo continuamente las reservas energéticas, no solo para la política de inversión verde (energía solar o eólica, por ejemplo), sino especialmente en hidrocarburos como el gas natural”.


• “Es igualmente importante establecer precios de energía a largo plazo que sean realistas y competitivos para garantizar una estructura de costos competitivos de las empresas y un suministro ininterrumpido de energía”.


• “Los ejecutivos de las empresas, tanto de países desarrollados como de países emergentes, han enfatizado la necesidad de que en los países donde operan se invierta en una infraestructura energética que permita un suministro de energía confiable, sostenible y eficaz en costos (‘cost-effective’) para ayudar a desarrollar y retener una posición fuerte y competitiva en el mercado global”.


• “Los ejecutivos de las empresas tienen claro el impacto de la política energética de una nación en sus negocios. La disponibilidad y el costo de la energía afectan la forma en que una empresa toma decisiones con respecto a la ubicación de sus instalaciones, sus inversiones en I + D, sus objetivos de eficiencia operativa y sus estrategias de cadena de suministro y logística”.


Dados los importantes cambios y avances que está teniendo el sector energético en el mundo, no es sorpresa que este sector se esté convirtiendo cada vez más en un sector estratégico en la competencia y en el desarrollo mundial.

Dentro de este contexto, la competitividad energética es cada vez más un factor determinante de la competitividad y del desarrollo de un país, como lo señalan los estudios en el mundo.

Uno de ellos, titulado “Energy: a key to competitive advantage” y elaborado por la prestigiosa firma consultora McKinsey & Company, indica que “la energía se ha convertido en un factor estratégico en la competencia global”.

Contrario a lo que está pasando en los países exitosos en el mundo, en Costa Rica las autoridades piensan que los costos de la energía y las emisiones se pueden reducir mejor y más rápido sin establecer ningún mecanismo de competencia. Lo anterior con base en dogmas sin sustento técnico, económico y financiero y sin acreditar estudios que apoyen sus juicios de valor.

Se piensa que la ausencia de algún tipo de competencia que sea la más apropiada para el país y que la presencia de monopolios y oligopolios energéticos son los mecanismos más eficientes y eficaces para reducir los costos e impulsar la transición energética (que incluye la descarbonización).

Este pensamiento, sin ninguna evidencia exitosa en el mundo, afecta el desarrollo del país y es otro de los factores que desconecta la agenda energética nacional de las necesidades económicas y sociales del país y del nuevo entorno mundial que está emergiendo.







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