Francisco Villalobos

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Martes 31 Agosto, 2010



Donde no hay plata para la educación ni para policías y a los clubes de futbol les cierran los estadios por morosidad en sus obligaciones, no le va un “coach” de 40 mil (dólares) al mes, más un asistente de 10 y un premio de un millón

Sobre Lavolpe

La primera reacción para los que no entendemos de fútbol es la indignación: un país al que se le caen los puentes, no le funcionan las platinas, no le caben los diputados en su Parlamento, donde no hay plata para la educación ni para policías y a los clubes de fútbol les cierran los estadios por morosidad en sus obligaciones, no le va un coach de 40 mil al mes, mas un asistente de 10 y un premio de un millón. Sin embargo antes de hablar más, conviene entender un poco de dónde sale ese dinero y si se justifica en el mundo de los entendidos, semejante planilla. Entonces busqué a mi buen amigo M. Monge, de alma liguista y patriota ejemplar, quien sí entiende de fútbol.
Parece que los patrocinadores financian equipos con posibilidades de clasificar, que jueguen bonito, con fogueos que llenen estadios y sobre todo si es un equipo que va al Mundial. Entonces, el coach es el super gerente, que debe salvar la empresa y los accionistas, le apuestan todo a él, con un salario (alto quizá para todos nosotros, pero modesto en el planeta fútbol) promedio y un buen premio. Entonces se entiende un poco mejor la cosa. Entendido el asunto, digamos que hay un consuelo de razones financieras y de marketing, pero sigue quedando como en el paladar colectivo que uno tiene, el siguiente aftertaste: ¿por qué es tan fácil conseguir 50 mil al mes para fútbol y tan difícil conseguir lo mismo para otras cosas más urgentes, quizá no tan divertidas, pero sí más urgentes? Ahora, si es cierto que esto lo pagan los patrocinadores, habrá que preguntarles a ellos, de dónde es que van a sacar ese “patrocinio” extraordinario. Si es un banco, si es un refresco, si es quien sea, pasará la factura finalmente a nosotros, los consumidores, que somos los que finalmente terminamos pagando por todo. No free lunch es la clave aquí.
Así que, yo solo sé que en el fondo, yo también tendría que pagar por este salario con el que decididamente no estoy de acuerdo, aunque lo entienda. Luego, sí es cierto que la gente hace la diferencia y seguramente un buen líder inspira a la mejora colectiva y hace que la gente haga cosas extraordinarias de lo ordinario. Si tal razonamiento es correcto, hay que preguntarse qué es lo que hace al nuevo coach, un líder tan extraordinario que va a cambiar a la vuelta de 36 meses nuestro decadente deporte nacional, ¿lo ha hecho en otros sitios? Claro que estar en un mundial es maravilloso, pero, ¿será para tanto?

Francisco Villalobos