Humberto Pacheco

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Martes 9 Septiembre, 2008

TROTANDO MUNDOS
Sobre impuestos, nuevamente

Humberto Pacheco

No nos oponemos a un impuesto a las casas de lujo. Es más, tampoco nos oponemos a una reforma tributaria bien pensada y oportuna, sobretodo oportuna, que verdaderamente favorezca al país sin dañar los sectores productivos que le dan de comer, sean estos corporativos o individuales. Pero en este delicado tema no se debe olvidar la historia, porque en ella se perece. Tampoco se pueden ignorar las circunstancias.
Cuando el Ministro Jorge Walter Bolaños, quien llevaba un bien dirigido Ministerio de Hacienda en la Administración Pacheco hasta que se dio cuenta de que en Costa Rica eso es Misión Imposible y se fue del Gobierno, propuso una reforma provisional que sacara al país del serio hueco en que se encontraba, en la Unión de Cámaras elaboramos una excelente propuesta.
Esta incluía que los empresarios se sobre-gravaran un año y otros mecanismos de recaudación de emergencia que, aún degradados después, salvaron al país. El citado proyecto hubiera sido mucho mejor sí a un aberrado diputado, en su inmenso ego, no se le hubiera ocurrido pensar que él sabía más que los expertos, y no hubiera prostituido la propuesta de UCCAEP (esto está ampliamente documentado).
Luego don Jorge Walter nos pidió apoyo para una reforma integral bien pensada que le ofrecimos sin reservas. Sin embargo, después de que él se marchó del ministerio, el mismo diputado, el ministro sucesor y el PAC impulsaron un adefesio histórico, copiado de una reformada ley de España, resultado de lo cual hasta terminábamos pagando en pesetas españolas, que finalmente se hundió como el Titanic.
La historia es conocida. A los proponentes se unieron los sindicatos y nada de lo que propusieron los empresarios que tenían que pagar la cuenta (porque ésta no la pagan ni los políticos ni los dirigentes sindicales), y la mayor agrupación de trabajadores del país, el Movimiento Solidarista, fue escuchado en la Asamblea.
Creemos conveniente hacer este recuento porque la memoria política es muy corta y ya andan promocionando una nueva reforma fiscal, además de los impuestos a las casas de lujo, lo que nos lleva al principio de oportunidad. Una reforma fiscal en la actualidad no resiste el análisis.
Primero, en un momento de crisis adonde se anuncia que los precios del “real estate” que estaban sosteniendo el ingreso masivo de dólares al país se está cayendo, causando que el Banco Central esté haciendo ventas importantes de dólares para mantener el valor del colón, y las exportaciones agrícolas e industriales se están reduciendo, lo que traerá contracción y desempleo, no es posible estar pensando en gravar la producción. Eso, sin contar con que faltan cosas peores por venir.
Segundo, el que sufre cualquier alza fiscal es el pueblo. Nadie puede pensar que gravando la producción no se afectan los precios y que esto no contribuya a la inflación de la que ya se están quejando los que saben y el pueblo, que la siente.
En tercer lugar, con los mecanismos de cobro que se han venido implantando, se ha alcanzado un superávit de recaudación. Sólo es necesario pedir que en ese esfuerzo no se sacrifique el profesionalismo y las normas justas y éticas por dispararle a todos los contribuyentes que pasen para ver cuales caen. La seriedad y la confianza que inspire la Administración Tributaria van íntimamente ligadas a la decisión de pagar los tributos.
Perseguir profesionales ó empresarios con argumentos que no se ajusten a la legalidad, ó con leguleyadas que cuestionan las estructuras que se tienen que usar, obligados por la inexistencia de medios jurídicos para asociarse, es injusto y contraproducente.
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