Sindicatos reenfocan debate salarial
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Los mejores mercadólogos políticos en este momento pueden ser los líderes de los sindicatos del sector público, que han cambiado los términos del debate, sobre las finanzas nacionales.

A cambio del tema de los excesos de la compensación en el Estado, el programa de Patria Justa —una coalición de siete sindicatos— consiste en la entrega de un mensaje sencillo, para un público específico.
“Vamos a gravar a los ricos, a fin de aumentar el salario mínimo en un tercio”, dicen los sindicatos a los costarricenses que conforman el quintil más pobre de la población, que tienen un ingreso familiar promedio inferior a los ¢50 mil por persona al mes, con un potencial de votos superior a 350 mil personas, de acuerdo con el Inec.
Si muchos de los pobres apoyaran la propuesta junto con los trabajadores estatales, Patria Justa influiría de forma significativa en las elecciones municipales del próximo febrero, así como dos años después en las nacionales.
El principal beneficiado en este caso sería el Frente Amplio, partido que se identifica con estos principios y que de hecho, será el principal defensor de este proyecto en el Congreso.
El gobierno, por su parte, esta semana aceptó la demanda de los sindicatos de promover un proyecto de ley para aumentar el salario mínimo durante cinco años a unos ¢381 mil mensuales, incluyendo las cargas sociales, en comparación con el monto actual de ¢280 al mes.

Pero aun si el proyecto no prosperara en la Asamblea, Patria Justa en 2016 incentivaría un referendo para aprobar la propuesta.
Mientras tanto, sería difícil para el sector privado, así como para los partidos opositores, resistir esta iniciativa.
“No queremos dar dinero a los pobres”, es un mensaje difícil de vender.
La campaña de Patria Justa podría fallar.
El apoyo que tiene entre su propia membresía sería débil, si el índice de participación en la huelga del lunes pasado fuera una indicación.
Podría además incrementar el desempleo en varias empresas, sobre todo las pymes, que no están en condiciones de incrementar en un tercio la compensación de muchos empleados.
De hecho, el costo para la economía sería enorme, ya que se tendrían que incrementar los salarios de decenas de miles de personas, que ganarían menos de lo que se propone, mientras son mejor calificados.
Al margen de estos temas, lo cierto del caso es que los sindicalistas han cambiado el enfoque del debate salarial.
Hace unos meses se centró en el exceso en la compensación de los empleados estatales.
Ahora, es distinto.

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