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Miércoles, 12 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Sinceramente

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 26 enero, 2018


Votamos en estos momentos en ira por el cementazo, votamos en venganza por el matrimonio igualitario, pero resueltos estos dos entuertos quedan los verdaderos problemas de país que no están siendo siquiera considerados. No se contemplan personas ni destrezas. No se contempla experiencia o habilidades. Todo se ha abandonado y se ha olvidado por problemas de relumbrón coyunturales. Reinan la coyuntura y la imagen, los sentimientos de ira y venganza sobre razones
 

 


Sinceramente



No ha dejado de ser una importante sorpresa que el “cementazo” haya despeñado la discusión de la campaña electoral de manera monotemática hacia la corrupción como si el país careciera de otros apremiantes problemas.

No ha dejado de ser sorprendente que este tema haya sido desplazado de la discusión electoral por la recomendación vinculante de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos sobre los derechos humanos de las minorías. Esta última ha hecho que el país dé la espalda a todos los apremiantes problemas que vive Costa Rica y se haya enfocado en ira y venganza en disentir de la sentencia y apoyar electoralmente a un partido que la adversa. Es el derecho democrático de los electores hacerlo, pero también es resultado de la sentencia de la Sala IV en la que se considera iglesia tan solo a las iglesias diferentes de la católica. Ya tenemos la experiencia del Primer Obispo Luterano de Costa Rica que fue autorizado a ser nombrado ministro de gobierno ya que no era considerado clérigo por la Sala por ser luterano y no católico. Es el primer caso en el mundo de un obispo consagrado y seglar.

Siento una gran preocupación por los bandazos que los electores están dando. Siento que la volatilidad de la opinión electoral de los costarricenses raya en lo imprevisible. Costa Rica y sus gentes son menos maduras y analíticas en política de lo que creíamos. También su educación está quedando en entredicho.

Nuestro electorado no está contemplando los problemas centrales sino solo los escándalos coyunturales. Los costarricenses han sido llevados por los medios de comunicación colectiva, en busca de vender circulación y audiencia, a enfocar el escándalo del momento y guiar su opinión electoral con base en ese fenómeno, delito o escándalo coyuntural.

Los grandes problemas del país no se enfrentan, de ellos no se habla, hay un estado de negación de los mismos. Nadie se cuestiona cómo reducir las presas, manejar el tipo de cambio, la administración carcelaria, o cómo generar desarrollo y priva la ira por el fallo del matrimonio igualitario en la mente de los votantes antes que construcción de infraestructura, estabilidad del tipo de cambio o política monetaria.

El electorado ha sido motivado a pensar y votar por los graves acontecimientos del “cementazo” y la sentencia del matrimonio igualitario. Los otros problemas apremiantes de país se han invisibilizado.

El “cementazo” y “la sentencia de la Corte Internacional” nos han sumido en unas discusiones y corrientes electorales que distan mucho de tener la serenidad y el análisis de los verdaderos, grandes y apremiantes problemas de Costa Rica. La discusión religiosa priva sobre la discusión política y el análisis de los problemas de Costa Rica. El país debe comenzar a hablar de cosas serias. Debe comenzar a discutir posiciones de consenso para alcanzar las mayorías que permitan tomar decisiones que nos devuelvan a la sostenibilidad económica y conserven la paz social.

El país debe enfrentar el hecho que no es el candidato electo el que habrá de gobernar el país sino un grupo más amplio, y ¿cuál es este en cada caso? Preguntaban a alguno qué hará su partido con la construcción de infraestructura? Su respuesta: Dios proveerá. Y cuando repreguntaron sobre política económica, comercial, de apertura, fiscal y monetaria su respuesta también fue: “El Señor es mi pastor, nada me faltará.” Y esto que parece una broma es un ejemplo trágico de cuanto hoy sucede.

Votamos en estos momentos en ira por el cementazo, votamos en venganza por el matrimonio igualitario, pero resueltos estos dos entuertos quedan los verdaderos problemas de país que no están siendo siquiera considerados. No se contemplan personas ni destrezas. No se contempla experiencia o habilidades. Todo se ha abandonado y se ha olvidado por problemas coyunturales. Reinan el momento, la imagen y los sentimientos de ira y venganza sobre las razones y la reflexión serena.

Deben los electores escoger mejor, con más reflexión. Deben los electores reflexionar sobre las habilidades y destrezas de su presidente para guiar el país por el próximo periodo. Deben los costarricenses, lejos de votar en ira y en venganza, elegir mejor y elegir bien para que los problemas de Costa Rica se enfrenten y se corrijan.

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