Nuria Marín

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Lunes 8 Noviembre, 2010


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Seúl y el G-20

Esta semana Corea del Sur tiene la oportunidad de mostrar su mejor cara, así como de proyectar su creciente liderazgo a nivel global. Seúl se convierte en el anfitrión de la Cumbre del G-20, un hito histórico pues es la primera vez que dicho encuentro se realiza en Asia y en un país no integrante del original G-7.
La organización del encuentro ha retado al gobierno del presidente Lee Myung-bak quien para garantizar la seguridad no ha dejado nada al azar reforzando sus cuerpos con 50 mil agentes y 20 mil especialistas en antidisturbios.
La Cumbre del G-20, foro de encuentro entre los países ricos y las economías emergentes, en el que está representado ni más ni menos que el 85% del PIB mundial, es considerado por muchos como el foro más relevante de la actualidad.
Se trata de una cita con una abultada agenda, entre las que destaca una mayor representación en el Fondo Monetario Internacional por parte de las economías emergentes y la formulación de nuevas reformas a la regulación financiera.
El tema más sobresaliente, sin embargo, lo constituye el cambiario. El cómo corregir los actuales desequilibrios globales y prevenir que se desate una guerra de divisas, producto de la preocupación de los países por la presión al alza (apreciación) que existe sobre sus monedas, lo que les resta competitividad a sus exportaciones. Tema al que por cierto en Costa Rica se le debería prestar mayor atención.
El punto no es para nada sencillo y toca a los países en forma diferente. Hay un claro interés de presionar a China para una apreciación significativa del yuan, lo que esta ha resistido pues su política económica ha sido un importante bastión en su crecimiento, generación de empleo y competitividad.
En el caso de Estados Unidos la preocupación no ha sido tanto el valor del dólar sino el riesgo de la deflación y el desempleo. De ahí, la reciente medida de la Fed del paquete de compras por $600 mil millones, la cual provocará indirectamente entre otros, por las actuales tasas de interés, una fuga de capitales y un dólar más barato. Pero esto es insuficiente y el interés por presionar a China persiste.
En la zona del euro, el Banco Central Europeo ha retirado liquidez del mercado, generando una contracción monetaria y un aumento en el valor del euro, teniendo esta moneda la mayor apreciación con respecto a las de intercambio más importantes.
Los países emergentes, por otra parte, están recibiendo importantes flujos de capital dada la mayor rentabilidad sobre la inversión, lo cual presiona al alza los tipos de cambio y afecta negativamente las exportaciones.
Sin lugar a dudas, la labor por delante no es nada fácil. En las manos del G-20 está evitar que se repitan los errores cometidos en los años 30 y con ello una nueva crisis. Por su relevancia, hay que seguirle el pulso a la Cumbre.

Nuria Marín