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Serena es un tormento

La defensora del título de Wimbledon, Serena Williams, despertó a los quince minutos de comenzar la final para arrollar el sábado con su saque a la rusa Vera Zvonareva, por 6-3 y 6-2, y dejar a su rival decepcionada por su derrota, tras verse incapaz de jugar como quería en su primer asalto a un Gran Slam.
La estadounidense recogió su cuarto trofeo en Wimbledon después de un duelo disputado con sus habituales pendientes largos y con una gargantilla prestada por su hermana Venus, eliminada en los cuartos de final de esta edición.
Una figura de 175 centímetros y puro músculo, siempre adornada con largos pendientes y uñas esmaltadas, esconde un auténtico tormento llamado Serena Williams, una diseñadora que elige el color rosa y aficionada al fútbol.
A sus 28 años, levantó su décimo tercer título de un Gran Slam y demostró en su sexta final en el All England Club que aún puede dar mucha guerra.
Nacida un 26 de septiembre de 1981 en Saginaw, un pequeño pueblo de 56.000 habitantes ubicado en el estado de Michigan (EEUU), Serena creció con su principal modelo en casa, su hermana Venus, quien le saca sólo quince meses. Como preparador y consejero tuvo desde muy pequeña a su padre Richard. Fue él quien la indujo a dar sus primeros pasos en este deporte y colocó una raqueta en sus manos a los cuatro años.
Con sus 68 kilogramos, el servicio es su mejor arma, aprendida y perfeccionada en las sesiones de entrenamiento con su padre, siempre interrumpidas por largas charlas con su hermana.
Con esta victoria, la menor de las Williams acumula 37 títulos en su carrera, trece de ellos de Grand Slam.
Antes de adjudicarse el millón de libras con el que premia a cada campeón de individuales esta 124 edición del torneo, la mejor tenista del momento había ingresado más de $31 millones de, sin contar con sus ganancias derivadas de compromisos publicitarios y similares.
Es habitual verla colaborar en proyectos solidarios, especialmente destinados al desarrollo de países africanos, donde tiene su origen y a menudo acude para presenciar la inauguración de una escuela o iniciativas similares.
Llama la atención su vocación por el diseño, empujado por su popular imagen, que la llevó a crear su propia marca de moda, "Aneres", una combinación de letras correspondiente a su nombre cuando se pronuncia al revés.

Londres
EFE
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