Marcello Pignataro

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Lunes 18 Agosto, 2008

Selección

Marcello Pignataro
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En dos días empezamos de nuevo el camino a un Mundial de Fútbol. La ilusión pareciera intacta para todos —aficionados y futbolistas– y la esperanza se cierne sobre el partido de este miércoles, en el que esperamos un buen resultado de nuestros futbolistas.
Como uno de los 4 millones —o más— de técnicos que hay en el país, no estoy de acuerdo en la convocatoria de algunos jugadores, pero aquí el que sabe lo que hace es el señor Kenton y será él quien deba rendir cuentas si se equivoca, y quien disfrutará las mieles del éxito si acierta.
Más allá de los nombres, los hombres, los planteamientos tácticos y los ensayos previos, lo que espero de este partido es un ambiente de cordialidad, paz y tranquilidad para que los aficionados que aún no lo hacemos, dejemos de tener miedo de ir al estadio con nuestras familias. Que los partidos de fútbol vuelvan a ser una fiesta y que ni la FIFA, ni la CONCACAF, ni la UNCAF vuelvan a decir que tal o cual partido es de alto riesgo en nuestro país.
Durante los 90 minutos todos seremos una sola voz y una sola fuerza empujando a la Selección a iniciar su camino al Mundial con el pie derecho. Haremos vítores por los nuestros y … por los del otro equipo. Pero una vez terminado el partido, todo volverá a la normalidad y aceptaremos el resultado que se dé.
Si ganamos, seamos respetuosos del rival y de sus compatriotas que se trasladaron desde El Salvador para verlos jugar. Si perdemos, felicitemos al oponente por haber sabido aplicar mejor que nosotros los principios básicos del fútbol. Sea cual sea el resultado, todos somos hermanos y el día siguiente es uno más en que nos tocará lidiar con las alzas en los combustibles —que, por cierto, al momento de escribir esta columna nadie me las ha sabido explicar— , las presas y los huecos en las calles, el estiramiento de la plata para llegar al final de la quincena y los problemas y las alegrías cotidianas.
Desde aquí les deseamos la mayor de las suertes a don Rodrigo Kenton y a su equipo —el de todos— y esperamos que el espectáculo que nos brinden la noche del miércoles sea digno de dos selecciones nacionales en rumbo a un Mundial.
No será un partido fácil, a pesar de los desafortunados comentarios de una otrora estrella de nuestro fútbol, sino todo lo contrario. Las dos selecciones van por lo mismo y son los tres puntos. Ninguno de los dos equipos está pensando en perder —aunque tal vez uno de ellos le esté “apuntando” al empate— así que la lucha será ardua y fuerte. Espero, eso sí, que de “ardua y fuerte” no pase a “salvaje y artera”.
Los jugadores de ambos equipos deben pensar que los que están en la cancha, más que rivales, son colegas suyos que también viven del deporte rey. Por esto, las acciones malintencionadas deben quedar en el confín del recuerdo y el juego noble prevalecer por sobre todas las cosas.
Posiblemente mis intenciones en esta columna me hagan acreedor a una “cajita blanca” con la foto de los dos equipos, por parte del estimable Miguel Agüero, pero nunca está de más pedir por que las cosas salgan bien.