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Secretos diplomáticos causa preocupación

La divulgación de algunos de los secretos de la política exterior de Estados Unidos por la filtración de documentos diplomáticos por parte de Wikileaks ha sembrado el desconcierto en las cancillerías de todo el mundo con unas primeras reacciones muy comedidas que mezclan la cautela con la preocupación.
Reino Unido, Francia y Alemania han criticado la divulgación de los 250 mil “cables” con el mismo argumento: que perjudica a la seguridad de los países y vulnera la convención de Viena sobre las relaciones diplomáticas, pero sin apenas entrar en los detalles que les afectan directamente.
También la ONU a cuyo secretario general Ban Ki-moon mandó espiar EE.UU., según los documentos filtrados ha optado por la prudencia y, tras declinar comentar la autenticidad de los documentos divulgados, se ha limitado a subrayar la transparencia de la organización.
La única voz de alarma ha sido la del gobierno italiano a través de su ministro de Exteriores, Franco Frattini, quien después de comparar la filtración ayer con el 11-S ha dicho que la página web Wikileaks quiere “desestabilizar el mundo”.
En el lado opuesto, el primer ministro turco, Recep Tayip Erdogan, que ha puesto puso en duda la seriedad de Wikileaks, calificando su filtración de “sospechosa”, o el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, que ha restado importancia a los “cables” y ha dicho que se trata de una conspiración.
Unánimes han sido los dirigentes europeos a la hora de aseverar que las filtraciones no empañarán la buena relación transatlántica, independientemente de que ninguno de los líderes haya quedado demasiado bien parado en el retrato que se desprende de los documentos de Washington.
El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, ha dicho que se ha reído al ver que se hablaba de su participación en fiestas salvajes, revelaciones que negó y atribuyó a “funcionarios de tercer y cuarto grado” que creen lo que escribe la prensa de “izquierdas”.
Tampoco el primer ministro ruso Vladimir Putin parece haberse sentido, a tenor de su silencio, demasiado vilipendiado al verse descrito como un “animal alfa”, “autoritario” y “macho”, tributos que al fin y al cabo reflejan poder.
Menos halagüeño es el perfil que los “cables” atribuyen al presidente, Dmitri Medvedev, a quien la diplomacia estadounidense define como “gris” e “indeciso”, como tampoco sale bien parada la canciller alemana, Angela Merkel, reflejada en los documentos como una política que “evita los riesgos” y “poco creativa”.
En ninguna de estas capitales ha habido por el momento críticas abiertas a Washington, sino todo lo contrario: los ataques han sido unánimes a los autores de la divulgación, un acto calificado de “ilegal” y “criminal”.
El ministro alemán de Exteriores, Guido Westerwelle, ha asegurado que no se siente herido por el retrato que se hace de él -“agresivo”, “arrogante”, “sin ideas propias. No ocultó, en cambio, su ira por el “peligro que pueden suponer estas filtraciones para la vida de algunas personas”, en referencia sobre todo al programa nuclear de Irán o a Pakistán.
Las filtraciones de Wikileaks han puesto de manifiesto una inesperada alianza entre los países del Golfo e Israel, al revelar supuestas presiones de países como Arabia Saudita a EE.UU. para que ataque Irán, que, a su vez, habría comprado misiles a Corea del Norte.
Revelaciones como ésta o la del presunto enriquecimiento de uranio por parte de Pakistán son las revelaciones que realmente preocupan en las capitales del mundo, por su alta sensibilidad política, según han comentado ayer expertos y politólogos.
De ahí que también las reacciones de los gobiernos afectados hayan ido en fuera la llamada a la calma o el desmentido radical.
Ahmadineyad aseguró que todo lo relativo a la supuesta alianza entre Israel y algunos países del Golfo no es más que una conspiración que no va afectar las relaciones con los países árabes.
El Gobierno de Pakistán ha sido aún más tajante al negar rotundamente la veracidad de los documentos que se refieren al enriquecimiento de uranio.
Más allá de los retratos políticos, los documentos filtrados por Wikileaks reflejan un aspecto un tanto peliagudo: el espionaje a líderes latinoamericanos, como en Paraguay, lo que sí ha provocado reacciones más expeditivas.
El Gobierno de Asunción llamó ayer mismo a consultas a la embajadora de EE.UU. en su país, Liliana Ayalde, después de que de los documentos de Wikileaks se desprendiera que el Departamento de Estado dio instrucciones precisas a que se espiara a los candidatos presidenciales en la campaña de las Generales de 2008.

Washington/EFE
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