Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 29 Noviembre, 2008

ELOGIOS
Se le olvidó

Leopoldo Barrionuevo

Toda vez que deseo purificar el idioma no hago sino retornar a la lectura de “Facundo”, la obra cumbre del maestro por antonomasia de América, Domingo Faustino Sarmiento, el docente argentino que pasó a la inmortalidad hace 120 años, un 11 de setiembre, fecha en la que los educadores de América consagraron en su recuerdo, el Día del Maestro en 1943 en Panamá.
Una y otra vez renuevo el orgullo de ser docente, mi única y auténtica profesión y admiro a ese excepcional sanjuanino que nunca realizó estudios formales. Un hermoso busto del prócer, que mis padres me obsequiaron cuando me gradué de profesor en letras, me acompaña siempre y orna mi biblioteca.
Sarmiento nació en San Juan y se ganó la vida como periodista y escritor, uno de los más grandes que he tenido la dicha de leer.
Opuesto a Rosas y al caudillo riojano Facundo Quiroga, debió exiliarse en Chile para retornar y ser consecutivamente subteniente de milicias, escritor, periodista, senador, gobernador de su provincia, ministro, director general de escuelas, sociólogo, diplomático, gobernador, hasta convertirse en presidente de la República en 1869.
Como gobernador de su provincia natal, decretó la ley de enseñanza primaria obligatoria y a poco de asumir la presidencia ordenó realizar el primer Censo de la Nación, en el que descubrió que tan vasto territorio solo contaba con 1.830.500 habitantes, de los cuales el 87% eran analfabeto.
De inmediato, Sarmiento inició una política de Estado basada en crear escuelas a punto tal que en su gestión de gobierno construyó 1.117 escuelas, una cada dos días, incluyendo feriados y el país pasó de 30 mil a más de 100 mil alumnos.
Además, creó: la Escuela Naval, el Colegio Militar, La flota de mar, rieles de una longitud que sumaban todos los de América, el telégrafo a Chile, El Código Civil, El Banco Nacional (hoy Banco Nación), la Escuela Normal de Profesoras, la Academia de Ciencias, la Escuela Normal de Paraná (contrató maestros extranjeros), la Universidad Nacional de San Juan, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, la Biblioteca Nacional de Maestros y el Observatorio Astronómico de Córdoba.
Fomentó además el desarrollo del comercio, la agricultura y los transportes. Alentó inmigración, encargó la reforma del puerto, contribuyó al desarrollo de las telecomunicaciones y contrató a hombres de ciencia extranjeros.
Al despedir sus restos en la Recoleta, Carlos Pellegrini dijo estas palabras: “Ahí va el cerebro más poderoso que haya producido América”.
Cuando el presidente Avellaneda inaugura la Academia Nacional de Ciencias de la Universidad de Córdoba, dispuesta por Sarmiento, este inicia su discurso con estas palabras: “Señores, veo en este salón de grados repleto, que no hay ninguna mujer que nos acompañe, pero les aseguro que en un siglo —en sus Universidades— la Argentina va a tener más mujeres que hombres”.
Cuando deja la presidencia en 1874 se da cuenta que no tiene casa propia y se va a vivir con su hija Faustina, porque no tenía medios para comprar una vivienda. Años después se traslada a Asunción del Paraguay por razones de salud y vive solo de sus artículos periodísticos hasta que falleció en 1888, tan pobre como había vivido siempre.
Por eso el mayor título de Sarmiento es que pese a ser político, había estado tan ocupado en hacer la grandeza del país, que se le había olvidado robar…

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