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COLUMNISTAS


Sardinal, la segunda derrota militar y moral de los filibusteros

Vladimir de la Cruz vladimirdelacruz@hotmail.com | Miércoles 10 abril, 2024


Vladimir de la Cruz

HIstoriador

La presencia filibustera norteamericana en Nicaragua, desde 1855, y sus intenciones anexionistas de las repúblicas centroamericanas, a los intereses esclavistas de los estados sureños de los Estados Unidos, fija el gran viraje de la historia de Costa Rica, de Nicaragua y de Centroamérica. La Guerra Nacional costarricense y centroamericana desatada por esa presencia es el parteaguas de nuestra historia del siglo XIX.

Para el Presidente Juan Rafael Mora, constantemente remachando en sus intervenciones, discursos, proclamas e informes sobre el desenlace de las batallas y enfrentamientos militares, el enfrentamiento era para asegurar la Independencia de las repúblicas centroamericanas, amenazada con la avanzada anexionista y esclavista de Walker. Con la Independencia también se jugaba la Soberanía Nacional y la Libertad de los pueblos centroamericanos.

El enfrentamiento militar contra los filibusteros se produjo en el escenario geográfico de Nicaragua principalmente, pero también en el territorio de Costa Rica, donde los filibusteros desarrollaron acciones militares, expansionistas, intervencionistas o invasoras. En ello colaboró, posiblemente el afán nicaragüense de recuperar el antiguo territorio del Partido de Nicoya, ya incorporado a Costa Rica desde 1824, y ampliado con la creación de la Provincia de Guanacaste en 1848, denominada Provincia de Moracia en la década de 1850. No fue casual el mapa publicado por el Presidente Provisorio de Nicaragua, Patricio Rivas, en 1855, conjuntamente con la firma de William Walker, donde el límite de Nicaragua se extendía desde la desembocadura del río San Juan a la del río Tempisque, incluyendo toda la Península de Nicoya, como suelo nicaragüense. Ese mapa quizá fue lo que produjo la Proclama del Presidente Mora del 20 de noviembre llamando al pueblo a prepararse para la amenaza intervencionista y la guerra que había que desarrollar para asegurar la salida de Walker de Nicaragua, como condición de resguardar la integridad territorial costarricense.

La Guerra Nacional contra los filibusteros norteamericanos se dio en tiempo histórico entre la publicación de ese mapa, en 1855, el intento de Walker de someter a Costa Rica, con una gestión que estuvo a cargo de su Lugarteniente Schlessinger, en enero de 1856, al que se le impidió su ingreso al territorio nacional, lo que provocó su acción militar de invadir el territorio en marzo de 1856, llegando a la hacienda Santa Rosa, al norte de Liberia, hasta la rendición de Walker el 1 de mayo de 1857.

Tres grandes etapas tuvo la Guerra Nacional. La primera correspondió a la llamada Primera Campaña, que se expresó en la declaratoria de guerra de Nicaragua a Costa Rica, en el avance filibustero hasta su derrota el 20 de marzo de 1856, en Santa Rosa; en el intento de llegar al centro del país por el río Sarapiquí que intentaron los filibusteros, donde también fueron derrotados en la batalla, o enfrentamiento militar, del 10 de abril de 1856, en Sardinal y, finalmente, la gran batalla del día siguiente, el 11 de abril, en Rivas, un combate de casi 24 horas, donde de nuevo fueron derrotados los filibusteros, sin lograrse la captura de su jefe, William Walker, así como en la decisión del Presidente Juan Rafael Mora de avanzar hacia Nicaragua a sacar a los filibusteros de ese país.

En su huida, Walker, de la ciudad de Rivas, depositando cadáveres en pozos de agua y en brebajes, contribuyó a desatar la peste del cólera, lo que obligó al Presidente Mora a suspender las acciones militares contra los filibusteros.

La segunda etapa, fue el momento del repliegue del Ejército Nacional a Costa Rica, lo que impulsó el desarrollo y expansión de la peste del cólera al territorio costarricense, con un impacto devastador, de producir entre 8.000 y 10.000 muertos, alrededor del 10% de la población de aquellos días. Superada la peste se volvió a retomar el camino del enfrentamiento militar y volver a los campos de batalla en Nicaragua.

La tercera etapa, para los costarricenses, se dio a partir de setiembre de 1856, cuando volvimos al combate hasta el 1 de mayo de 1857, cuando Walker se rinde ante el Capitán Charles H. Davis de la marina estadounidense quien se había ofrecido para mediar su rendición, la que se hizo en la goleta St. Marys. En esta tercera etapa jugaron un papel importante las fuerzas militares de los ejércitos de Honduras, El Salvador, Guatemala, y de Nicaragua, que por un pacto entre las fuerzas liberales y conservadoras se sumaron a la lucha contra Walker, poniéndose a partir de enero de 1857 al frente del Estado Mayor Militar, de todos los ejércitos centroamericanos, al General José Joaquín Mora Porras.

La Primera Campaña culmina con los sucesos de la Batalla de Rivas, del 11 de abril y el surgimiento de la peste del cólera. Comprende tres batallas, Santa Rosa, el 20 de marzo; Sardinal, el 10 de abril y Rivas, el 11 de abril.

El Ejercito Nacional, el ejército expedicionario, victorioso de la Batalla de Santa Rosa, avanzó de manera inmediata hacia Nicaragua. Se ordenó limpiar todo el territorio costarricense de la presencia filibustera, asegurar la frontera y ejercer el control de la llamada Vía de Tránsito, que era la utilizada por los filibusteros para su apoyo, su aprovisionamiento logístico en suministros militares, alimentos y hombres.

La Vía del Tránsito era la ruta que se seguía desde la costa este de los Estados Unidos a la costa oeste, hacia California, usando la travesía por el río San Juan, el Lago de Nicaragua y el Estrecho de Rivas, en cuyos extremos estaban los puertos de San Juan del Norte y San Juan del Sur. Todavía no existía un ferrocarril de costa a costa en Estados Unidos, el que se logró hasta 1865.

El 29 de marzo de 1856 el Presidente Mora se dirigió a los nicaragüenses manifestándoles que iba a ingresar a su territorio como amigo, no a proteger a un partido político de los que estaban en pugna, sino a liberar a Nicaragua de la opresión extranjera.

El 31 de marzo el Presidente Mora, como General en Jefe del Ejército, marcha a Nicaragua. Diariamente continuaban cayendo filibusteros de los que habían participado en su invasión hasta la Hacienda Santa Rosa.

El 5 de abril se ordenó dar el último golpe a “esta cuadrilla de asesinos” y hostilizar a los filibusteros “con todo rigor” por el río Sarapiquí y por el río San Carlos a los vapores y embarcaciones que navegan por el San Juan “para impedir que el enemigo reciba refuerzos”. Este mismo día los filibusteras se habían movilizado, en un movimiento distractor, hacia el Fuerte San Carlos y hacia Castillo Viejo, con la intención de invadir Costa Rica por los ríos Sarapiquí o el San Carlos.

El 7 de abril el Presidente Mora dispuso tomar los puertos de la Virgen, en el Lago, y el de San Juan del Sur, con el ánimo de cortar las comunicaciones a los filibusteros, como para recibir víveres, para el Ejército, que se enviaban desde Puntarenas, y facilitar la entrada a Nicaragua. En la Virgen sí hubo resistencia. El Teniente Coronel Juan Alfaro Ruiz y el Capitán Daniel Escalante dirigieron el combate. El 8 de abril se tenían controlados los puertos de La Virgen y de San Juan del Sur, donde el Ejército permaneció hasta el 11 de abril que tuvo que desplazarse hacia Rivas a reforzar el combate de ese día.

El 10 de abril la tropa costarricense estaba en el punto donde el río Sarapiquí recibe las aguas del río Sardinal. En el Muelle del Sarapiquí empieza el río a ser navegable. Sin embarcaciones la tropa de soldados alajuelenses tuvo necesidad de hacer una vereda paralela al río.

Los filibusteros ya estaban en La Trinidad o Punto Hipp como lo conocían los filibusteros. En la desembocadura del río Sarapiquí, en La Trinidad, había un destacamento filibustero, que amenazaba con ingresar al territorio nacional, y de esa manera llegar hasta el centro del país. El punto se convertía en un sitio estratégico para impedir esa penetración y control del río por parte de los filibusteros.

La tropa que se había movilizado era de 100 hombres, todos alajuelenses, a los que se les reconocía como “la tropa de los alajuelas”, con la misión de ejercer el control de la desembocadura del Río Sardinal en el Río Sarapiquí. El General Florentino Alfaro Ruiz y el Teniente Coronel Evaristo Fernández, estaban a cargo de la conducción de esta tropa.

Los filibusteros desde la mañana del 10 de abril, entre las 9 y las 10 am, se movilizaron para enfrentar a la tropa costarricense, tratando de sorprenderlos, sin lograrlo, donde fueron obligados a replegarse. De nuevo, al igual que en la Batalla de Santa Rosa, por la tarde, los filibusteros fueron derrotados rápidamente. Aquí se distinguió la tropa de soldados alajuelenses.

El combate o la Batalla de Sardinal fue la segunda derrota infligida a los filibusteros en territorio costarricense. Con la Batalla se logró ejerce control estratégico de la defensa del país, obstaculizando el movimiento de los filibusteros por el río Sarapiquí.

Este combate de la Trinidad, del cual Walker debió tener información casi inmediata, se da en la víspera de la Batalla de Rivas. De nuevo era una derrota militar y moral, lo que Walker no aceptaba y desinformaba sobre esos eventos.

Eso le debe haber hecho caer la moral combativa a los filibusteros y al mismo Walker, quien se hizo más agresivo.

La batalla o enfrentamiento militar de Sardinal es una de las batallas más importantes en las llanuras del norte, que impidió la invasión de Costa Rica, por esta zona. Igual que en Santa Rosa, de nuevo la tropa costarricense elevaba su capacidad combativa y su moral revolucionaria.

En Sardinal se trataba de impedir el tránsito por el río San Juan que operaba por el río Sarapiquí y ocupar la Punta Hipo, en las confluencias del San Juan.

Para el Presidente Mora era importante dominar ese lugar y había dado la orden de hacerlo, sobre todo desde cuando se dispuso entrar a Nicaragua, para también debilitar cualquier apoyo que pudieran recibir los filibusteros. Desde finales de marzo se había avanzado en la toma de este sitio.

A las 8 de la mañana, del 10 de abril, en el estero de Sardinal los filibusteros, más de 100, atacaron por tierra y con 4 embarcaciones grandes y dos pequeñas.

Entre las 9 y las 10 am, se movilizaron para enfrentar a la tropa costarricense, tratando de sorprenderlos, sin lograrlo, donde fueron obligados a replegarse. De nuevo, al igual que en la Batalla de Santa Rosa, los filibusteros fueron derrotados rápidamente.

Aquí se distinguió la tropa integrada por soldados alajuelenses. El combate fue con armas de fuego y no cuerpo a cuerpo, en lo que la tropa costarricense era bien diestra.

En la batalla el General Florentino Alfaro fue herido en el brazo, un cabo murió y hubo 10 heridos. Los filibusteros sufrieron 4 muertes y el hundimiento de una piragua con su gente. Al General Florentino Alfaro se le trasladó acompañado del médico y Teniente Evaristo Fernández, con una escolta, quedando la tropa reducida a 80 hombres.

Mientras esto sucedía en Sardinal, en la ciudad de Rivas desde el día 8 de abril el ejército costarricense ya estaba instalado señalando el Presidente Mora que estaban allí para asegurar “la santa causa de la Independencia de Centroamérica”.

En la noche del 10 al 11 de abril, en las horas de la madrugada inició el combate, el ataque sorpresa. El centro de la ciudad de Rivas se convirtió en el escenario de los combates. Los batallones de soldados costarricenses mostraron su valor. Sangrientos fueron los combates, incluso peleando cuerpo a cuerpo, obligando a los filibusteros a replegarse y a refugiarse un grupo de ellos en el llamado Mesón de Guerra, que era la casa de Francisco Guerra, lo que hizo que el campo de combate se definiera de manera que la mitad de la ciudad estaba en manos costarricenses y la otra mitad en manos de los filibusteros.

El 11 de abril de 1856, entre las 12 medio día 1 p.m. se quemó un ángulo del Mesón de Guerra por Juan Santamaría. Lo intentaron hacer el Teniente Luis Pacheco Bertora, cartaginés, y Joaquín Rosales, nicaragüense que peleaba con la tropa costarricense, quien incluso provocó un incendio que los filibusteros lograron apagar. Juan Santamaría, alajuelense, realizó el tercer intento logrando provocar el incendio que no pudieron detener los filibusteros, obligándolos a tomar la decisión de retirarse.

La tropa triunfante en Sardinal se movilizó en apoyo a los combatientes en Rivas.

Hoy, 10 de abril, recordamos la Batalla de Sardinal, en su importancia histórica y militar que tuvo en ese momento.

Nacionalmente poca relevancia se le da, como se ignora mucho la de Santa Rosa. Lamentablemente el sistema educativo nacional y la institucionalidad política no celebra este tipo de eventos ni contribuye a fortalecer la conciencia y la identidad patriótica costarricense.

En el Cantón de Sarapiquí sí se le da la importancia y el relieve que merece. El 10 de abril, un día como hoy, la Municipalidad lo tiene decretado como el día del cantón. El Auditorio de la Municipalidad lleva el nombre del Presidente Juan Rafael Mora.

La celebración del 11 de abril es la tercera derrota de los filibusteros, es el triunfo militar sobre los filibusteros en la Batalla de Rivas, por parte del ejército costarricense, bajo la conducción del Presidente Juan Rafael Mora Porras, y de los Generales José Joaquín Mora Porras y José María Cañas Escamilla. Se recuerda igualmente a los caídos y a los que intentaron la quema del Mesón, en la figura heroica de Juan Santamaría, quien lo logró.

¡Gloria a los combatientes de Sardinal, de la Batalla del 10 de abril, que infligieron la segunda derrota a los filibusteros en suelo costarricense!




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