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Jueves, 19 de mayo de 2022



NOTA DE TANO


Saprissa cumplió con todos los requisitos para el triunfo

Gaetano Pandolfo gpandolfo@larepublica.net | Viernes 13 mayo, 2022

Jimmy Marín halló el premio a su enorme partido

El “catenaccio” fue inventado en Suiza en los años 40, pero lo puso de moda en Italia el técnico Nereo Roco en la década 50-60.

Lo utilizaban los equipos pequeños, hasta que en 1960, el estratega Helenio Herrera empezó a dibujarlo en un club grande: el Inter de Milán.

“Catenaccio” significa cerrojo, un planteamiento táctico que en la época aplicó la selección italiana, capaz de ganar un campeonato mundial, anotando a lo largo de la ruta, dos o tres goles.

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Las selecciones europeas aborrecían enfrentarse a Italia, el rival más incómodo por el bendito “catenaccio”, que hoy, 60 años después, pone en práctica el Atlético de Madrid del “Cholo” Simeone, ante la furia de dirigentes, técnicos y jugadores de la Premier, que califican al sistema de juego de los colchoneros como prehistórico, destructivo, parásito y que se alimenta del error de los contrarios.

Guardando las proporciones, el Diego Simeone del campeonato costarricense es José Giácone, técnico bicampeón nacional, capaz de ganar una corona con un equipo no tradicional (Pérez Zeledón), anotando un solo gol en 180 minutos.

El miércoles frente al Saprissa, el Sporting decidió que le convenía empatar el juego para dejar las cosas igual en la clasificación, dos puntos arriba del Monstruo, y Giácone paró un 5-4-1, que fue más un 5-5, dos barreras humanas delante del excelente portero Adonis Pineda.

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Muy abiertos en los costados, Yostin Salinas y Rigo Jiménez para tapar a Reyes y Marín y por el centro de la defensa: Dennis Castillo, Roy Miller y Christópher Meneses. Cuatro hombres en la cintura: Harry Rojas, Luis Flores (encargado de Mariano Torres), Bryan Vega (tapando a David Guzmán) y Barlon Sequeira y Lauro Cazal, más volante que delantero.

Lógicamente que el Saprissa se le fue encima al rival del primer minuto al 78, cuando Jimmy Marín finalmente pudo romper el cerrojo, en un descuido de una retaguardia que había jugado sin un solo error, hasta que dejaron a la mejor figura del partido, rematar a placer, cómodamente y sin marca.

Con el 1-0 en contra, Sporting pasó al ataque y tuvo ocasiones de empatar en varias acciones de “bola muerta”.

Pero… ¿ya para qué?

Y, ¿por qué no entró Randall Azofeifa a ejecutar esos cobros?

Méritos a Jeaustin Campos que supo mover su ajedrez de piezas en el segundo tiempo, en procura de la llave que abriera el cerrojo y lo logró.

gpandolfo@larepublica.net

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