Salud preventiva en Costa Rica: la primera línea de defensa ante el avance de enfermedades crónicas
El aumento sostenido de la obesidad, la diabetes y la hipertensión evidencia la urgencia de cuidarse antes de enfermar
Las enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes, la hipertensión y los padecimientos cardiovasculares, se han consolidado como las principales causas de muerte, desplazando a otras condiciones que históricamente dominaban la carga sanitaria del país.
En 2022, el 78% de las muertes registradas en Costa Rica estuvo asociado a enfermedades no transmisibles, de acuerdo con datos de la Organización Panamericana de la Salud.
Esta cifra refleja la magnitud del problema y la necesidad de cambiar el enfoque hacia la prevención.
El crecimiento de estas enfermedades está estrechamente vinculado con factores de riesgo cada vez más extendidos en la población.
Entre ellos destacan el sobrepeso, la obesidad, el sedentarismo y los hábitos alimentarios poco saludables.
En las últimas dos décadas, la obesidad en adultos prácticamente se duplicó pasando de 17,3% en el 2000 a 31,4% en 2022, según datos del Ministerio de Salud.
Este fenómeno no es aislado. Estudios sobre población urbana han señalado que hasta un 68,5% de los adultos presenta exceso de peso, lo que incrementa significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
A esto se suma la prevalencia de condiciones específicas. En Costa Rica, cerca del 32,4% de la población padece hipertensión arterial diagnosticada, mientras que la diabetes afecta al menos al 10,9% de los habitantes, con un porcentaje adicional de casos no diagnosticados.
Estos datos reflejan una realidad compleja, en la que muchas personas viven con enfermedades crónicas sin saberlo, lo que retrasa su tratamiento y aumenta el riesgo de complicaciones.
El doctor Christian Rivera, médico cirujano reconstructivo y activista social, advierte que el país atraviesa un punto crítico.
“La obesidad, el sobrepeso, la hipertensión y la diabetes ya no son fenómenos ajenos, son parte estructural de nuestra nueva normalidad y nos están robando salud, esperanza de vida y sostenibilidad financiera”, afirmó.
El aumento de estas enfermedades también representa una carga económica creciente para el país.
Costos asociados a tratamientos, hospitalizaciones, medicamentos, incapacidades laborales y muertes prematuras presionan las finanzas públicas y el sistema de seguridad social.
Frente a este panorama, la salud preventiva se posiciona como una herramienta clave.
A diferencia del enfoque tradicional centrado en el tratamiento, la prevención busca reducir la aparición de enfermedades mediante intervenciones tempranas, promoción de estilos de vida saludables y detección oportuna.
Sin embargo, expertos coinciden en que el reto va más allá de la responsabilidad individual.
Las condiciones del entorno como el acceso a alimentos saludables, espacios para la actividad física y educación en salud, juegan un papel determinante en los hábitos de la población.
En ese sentido, Rivera enfatiza la necesidad de políticas públicas integrales.
“Una Costa Rica más sana es una Costa Rica más productiva. Con menos ausentismo, menos enfermedades, mayor rendimiento laboral y menor carga en la seguridad social. No podemos promocionar ‘bienestar’ con niños prediabéticos, adultos hipertensos y ciudades donde moverse a pie es casi imposible”, señaló.
El país ya ha avanzado en algunas estrategias, como la implementación de planes nacionales para el abordaje de enfermedades no transmisibles, pero el experto advierte que los esfuerzos deben intensificarse y sostenerse en el tiempo para generar un impacto real.
La prevención no solo implica cambiar hábitos, sino también fortalecer el sistema de atención primaria, ampliar el acceso a controles médicos y promover campañas de concientización que permitan a la población identificar riesgos y actuar a tiempo.
“Esto no se trata de una moda, se trata de una decisión país. Costa Rica tiene la ventaja de anticiparse a un colapso evidente”, concluyó Rivera.