Natalia Díaz

Natalia Díaz

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Jueves 15 Marzo, 2018

Revisemos las elecciones municipales

Siempre ha sido de mis mayores preocupaciones el perfeccionamiento del sistema electoral costarricense. Por ello, también he acudido ante el Tribunal Supremo de Elecciones, cuando algún comportamiento, acción o resolución, vaya contra principios o normas básicas del derecho electoral. Nuestro país cuenta con uno de los sistemas electorales más consolidados de América Latina; sin embargo, es necesario que como ciudadanos mantengamos una preocupación constante por el mejoramiento del mismo, a efectos de que responda en forma adecuada y oportuna a las aspiraciones de los electores y sus instituciones, sean nacionales, provinciales o municipales.

Somos una democracia con gobierno representativo y participativo, según señala la Constitución. Es a través del voto popular libre e igualitario que designamos a nuestros representantes ante los órganos del Estado para que ejerzan legalmente el poder y cumplan las responsabilidades que señalan las leyes correspondientes. Esta actuación de los titulares de un gobierno nacional o municipal, entraña la manifestación más exacta y la expresión más pura y directa de lo que es esencialmente “político”. El representante nacional o municipal por su papel “político”, está encargado de atender los intereses del “todo social”, de la colectividad.

Esta se diferencia radicalmente de las organizaciones empresariales, laborales, ambientales, o de orden educativo, deportivo, o científico, que atienden parcelas o intereses claramente definidos por los colectivos a los cuales se refiere. Es el partido político el que hasta el momento representa la única vía para acceder al mundo “político”, es decir a los gobiernos nacionales o locales, siguiendo los procedimientos de elección popular. Todas las organizaciones mencionadas y muchas más, forman parte del entramado o de la red comunicante entre los ciudadanos que estamos ligados directa o indirectamente a estas, con las instancias de Gobierno, o instancias políticas tanto a nivel nacional como local o municipal. De ahí el papel fundamental que ha tenido el partido político en las distintas democracias.

Ahora bien, desde esta perspectiva, son los municipios los que encarnan la manifestación política más cercana al ciudadano en cualquiera de los roles en que se desempeñe; es decir, estos son los que de manera más próxima y directa atienden muchas necesidades de la población a nivel municipal. Por ello el Código Municipal define al municipio como “…el que está constituido por el conjunto de personas vecinas residentes en un mismo cantón, que promueven y administran sus propios intereses, por medio del gobierno municipal”. En consecuencia, debemos reconocer en los procesos electorales municipales, ahora separados de los nacionales en Costa Rica, la mayor expresión de la democracia participativa. Esto es trascendental para la vida democrática del país, y por ello la ineludible necesidad de su perfeccionamiento.

La democracia costarricense está sustentada en buena manera a través del régimen de partidos políticos. Este régimen de partidos ha sido de larga data en nuestro medio y con una legitimación suficiente a nivel general. No obstante, si bien eso es cierto, también lo es que el régimen de partidos políticos costarricense ha ido variando. Existe una menor identificación partidaria, sea por razones ideológicas, familiares o de tradición o de afinidad con los líderes o incluso por decepción con su comportamiento. Ello ha implicado una modificación del cuadro partidario del país con el surgimiento de nuevas organizaciones partidarias y el consecuente empequeñecimiento de las más tradicionales y la desaparición de otras. Pareciera que nuevos sectores surgen con valoraciones políticas menos apegadas a los partidos tradicionales, y con más compromiso e identificación con otras valoraciones, sean de atención a grupos especiales, minorías determinadas, jóvenes con distintas inclinaciones, sectores sociales, regiones, y otros tantos. Ello se evidencia cuando se recorren los cantones y notamos la multiplicidad de partidos políticos inscritos a ese nivel municipal o cantonal. Este resurgir de partidos políticos en los cantones también es muestra de la inconformidad de muchos segmentos de población, con las opciones partidarias tradicionales, pues las gentes quieren nuevas opciones y más cercanas a sus inmediatos intereses. También estimo que lo anterior es otra forma de expresar inconformidad con las respuestas de los partidos políticos ante los nuevos problemas y ante las nuevas formas en que los ciudadanos quieren expresarse y representarse. Los distintos partidos han perdido legitimidad, seguidores, e ilusión y representación de las nuevas generaciones. Estas aspiran a otras opciones que los representen más auténticamente. La democracia interna ha dejado de ser el norte que oriente de manera absoluta la línea partidaria, así como los propósitos de desarrollo económico y justicia social y la superación de cuadros de pobreza más significativos, así como de luchar por los derechos y oportunidades de todos, incluidas con especial énfasis todo tipo de minorías.

Todo lo anterior, me lleva a plantearme con seriedad, la necesidad de revisar nuestra legislación electoral a efecto de ampliar las posibilidades de elección de miembros del municipio que con un respaldo comprobado, tengan interés de proponer sus capacidades y habilidades en la solución de los problemas del municipio. Del mismo modo, llevar al Gobierno local, a pesar de su carácter esencialmente “político” como lo expuse anteriormente, tanto como alcalde, como regidores o incluso síndicos, las aspiraciones de esos grupos de la comunidad históricamente marginados del quehacer partidario, pero que ofrecen respuestas distintas para los viejos problemas. O además, ofrecen soluciones a problemas subyacentes y escondidos por la comunidad. Es urgente valorar las posibilidades legales para que los puestos de elección popular aquí mencionados sean alcanzados no solo por los candidatos presentados en las nóminas partidarias, sino también por quienes, con un determinado sustento o respaldo comunal, deseen presentar sus nombres, sus liderazgos, y sus respuestas, como lo han venido haciendo los partidos políticos. No estoy conforme con lo que el sistema electoral me ofrece para los municipios en la actualidad. Importantes aportes, experiencias, conocimientos y voluntades estamos perdiendo en perjuicio de los mismos ciudadanos. Ofrezco mi decisión de aportar en esta línea a través del proyecto de ley correspondiente.