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Bogotá considera que muerte de ecuatoriano no es motivo de nueva crisis

Retornan aires de polémica entre andinos

Correa aseguró que sería grave que se confirmara muerte de Franklin Guillermo Aisalia

Bogotá
EFE

El Gobierno colombiano consideró ayer que el hecho de que un ecuatoriano muriese en el bombardeo contra la base de las FARC en el que murió “Raúl Reyes”, el número dos de esa guerrilla, no debe ser motivo para una nueva crisis con Ecuador.
“No entendería que Ecuador pusiera problemas por este hecho”, dijo el ministro colombiano de Defensa, Juan Manuel Santos, en respuesta a la dura advertencia que el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, hizo el sábado pasado a Bogotá.
Correa aseguró en su habitual mensaje radial al país que “sería extremadamente grave” que se confirmara que en la acción militar colombiana, que tuvo lugar en territorio ecuatoriano, murió Franklin Guillermo Aisalia Molina, a quien sus familiares creen haber reconocido en las fotografías y vídeos de un cadáver rescatado junto al de “Reyes”, el portavoz internacional de las FARC.
Con ello, dijo Correa, “tendría más cola este gravísimo problema, porque ya sería el asesinato de un ecuatoriano en suelo del Ecuador por fuerzas extranjeras”.
El titular colombiano de Defensa declaró ayer a radios de Bogotá que esperara que las relaciones con Ecuador no se “enrarecieran” una vez que se confirme plenamente la identidad del ecuatoriano muerto en el campamento de las FARC.
El extranjero puede ser “Lucho”, alias de Franklin Ponelia Molina, “miembro activo” de las FARC en el país vecino, según advirtió el domingo por la noche el despacho de Santos.
El Ministerio de Defensa explicó que las fotografías del cadáver fueron cotejadas con registros fílmicos obtenidos en los seguimientos que permitieron, en enero de 2004, detener en Quito a Ricardo Palmera, alias “Simón Trinidad”, alto mando rebelde extraditado a Estados Unidos para ser juzgado por narcotráfico.
Los documentos muestran a “Lucho” junto a Nubia Calderón Trujillo (“Esperanza”), según el Ministerio de Defensa, que los acusó de “facilitar el desplazamiento e identificación falsa de miembros de esta organización narcoterrorista en territorio ecuatoriano”.
La misma fuente concluyó que, con la comparación de las fotografías y registros fílmicos, “se ha podido establecer que posiblemente se trata de la misma persona”.
“Por consiguiente, lo que presumimos es que sea ecuatoriano”, ratificó ayer el titular colombiano de Defensa, aunque reconoció que para comprobarlo de manera plena falta “la prueba dactilar o la prueba de ADN”, cuya aportación se espera por parte de la familia del ecuatoriano o las autoridades del país vecino.
Mientras, Santos consideró que a Correa pueden estar intentando manipularlo “cuando tratan de decir que este individuo ('Lucho') era un pobre personaje que nada tenía que ver con las FARC”.
“No le queda bien al presidente Correa salir a defender a una persona que después resulte con conexiones con las FARC”, enfatizó el ministro colombiano, para quien en el fondo lo que cabe preguntarse es qué hacían un ecuatoriano y unos mexicanos en el campamento guerrillero.
La organización insurgente ha sostenido que con “Reyes” fueron abatidos quince rebeldes y que los otros muertos, nueve, eran civiles.
Santos advirtió de que debe entenderse que “cualquier persona que esté en un campamento de terroristas, como era este campamento de 'Raúl Reyes', se expone a un altísimo riesgo, sea o no guerrillero, a que sea atacado, porque es que es un objetivo militar legítimo”.
“De eso no nos podemos salir, y ése es el fondo de todo este problema”, afirmó el titular colombiano de Defensa, no sin rechazar la versión de una mexicana que sobrevivió al ataque que había viajado al enclave rebelde para hacer turismo.
La advertencia de Correa fue respondida el sábado por el Gobierno colombiano en un comunicado en el que apuntó que “recuerda al mundo” que el campamento de “Raúl Reyes” era “un sitio de terroristas que actuaban contra el derecho a la seguridad del pueblo colombiano”.
Este nuevo cruce se declaraciones se produjo cuando el Ejecutivo de Bogotá espera la pronta normalización de las relaciones diplomáticas con Quito, que las rompió dos días después del bombardeo y aceptó, en la Cumbre del Grupo de Río celebrada el pasado día 7 en Santo Domingo, restablecerlas de manera gradual.
Lo mismo hizo el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, que había roto con Bogotá en solidaridad con Ecuador, y el de Venezuela, Hugo Chávez, que por la misma causa ordenó el cierre de su embajada en Bogotá y expulsó al personal diplomático colombiano en Caracas.

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