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Impulsores sostienen que incremento en inscripción va paralelo con el auge criminal
Restricción balea negocio de armas

• Armería Polini explora mercado del deporte de aventura ante inminentes limitaciones comerciales


Eduardo Baldares
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Mientras la nueva legislación sobre prevención de la violencia por armas de fuego hace fila en el Congreso, impulsores y detractores se disparan pros y contras.
Los promotores defienden que cuanto más armas, más muertos; los otros, que las restricciones impulsarán el mercado negro.
Entretanto, casi resignados ante las fuertes restricciones que se vienen, las armerías buscan la forma de diversificar sus servicios de forma que no dependan exclusivamente de la venta de estos artefactos y sus municiones.
Entre las principales reformas que contiene la nueva propuesta sobresalen “reducir el mínimo de armas por persona de tres a solo una, restringir a los menores calibres el acceso para las personas particulares, así como vedar la adquisición a individuos con antecedentes de violencia intrafamiliar”, detalló Max Loría, asesor del Ministerio de Justicia.
Asimismo, el proyecto propone endurecer las penas para quienes cometan delitos con armas de fuego, y también para los que sean descubiertos sin los permisos correspondientes.
A las armerías se les exigirán registros más minuciosos, de manera que solo puedan vender municiones a gente que tenga permiso y exclusivamente las correspondientes al arma inscrita.
La capacitación también se reforzaría mediante una supervisión más cercana aún por parte de la Escuela Nacional de Policía y del Colegio de Psicólogos, al tiempo que los exámenes teórico, práctico y psicológico serían más exigentes de lo que son actualmente.
En cuanto al permiso se concedería solo para el tipo de arma con el que se presente el aspirante a la prueba.
“A veces la persona llega con una pequeña pistola, aprueba el curso y obtiene el permiso para portar todo tipo de arma. Eso no debe ser así”, detalló Loría, quien sintetizó el espíritu de las reformas de esta manera: “La tenencia de armas no debe ser vista como un derecho, sino como una concesión que da el Estado siempre y cuando se cumpla con una serie de requisitos”.
No conforme con la legislación en sí, el programa “¿Armas? No, gracias”, impulsado por los ministerios de Justicia, de Salud, de Educación, de Seguridad, de Relaciones Exteriores y de la Presidencia, se ha encargado de difundir en múltiples comunidades su mensaje, especialmente en escuelas y colegios de zonas económicamente deprimidas.
“Uno de los proyectos que mayor éxito han tenido es el intercambio de juguetes bélicos por cuadernos, camisetas e incluso otros juguetes no bélicos”, comentó Loría.
“Queremos que nuestros ciudadanos entiendan desde pequeños que cuanto menos armas, menos homicidios, menos accidentes relacionados con ellas, menos muerte”, concluyó el asesor, quien cruza los dedos para que se rompa el cuello de botella que tiene entrabada la Asamblea Legislativa ¬—la agenda de implementación del Tratado de Libre Comercio—, pues considera que en el tema de la seguridad sí hay consenso. “Creo que solo el Movimiento Libertario estaría en contra de las restricciones en cuanto a armas”, finalizó.
En efecto, el diputado libertario Luis Barrantes consideró que “armarse es una respuesta lógica de las personas ante los embates del hampa. La gente no puede quedar desprotegida contra hampones cada vez más y mejor armados”.

Por su parte, José Antonio Ojeda, gerente de Operaciones del polígono CDC, considera que la nueva legislación contiene “ciertas fallas técnicas” y que no tendrá un verdadero efecto en los índices de criminalidad, puesto que “se les están complicando las cosas a quienes quieren portar armas legalmente, mientras que los delincuentes seguirán nutriéndose del mercado negro, como siempre”.
“A como están las cosas, las armerías que yo conozco tendrían que cerrar, pues si ya de por sí es difícil vender armas, de aprobarse la nueva ley lo sería aún más”, dijo Ojeda.

Eduardo Polini, de la armería que lleva su apellido, dio a conocer que está tratando de darle un giro a su negocio, inclinándolo hacia el deporte de aventura.




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