Remesas compensan efectos de alta migración del istmo, según el FMI
Imagen con fines ilustrativos. Shutterstock/La República
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Uno de cada diez centroamericanos es migrante, de acuerdo con datos del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Esta coyuntura ha venido debilitando el crecimiento económico de los países de la región, en un fenómeno que el FMI califica como una “fuga de cerebros”.

El país con más emigrantes en el istmo es El Salvador: casi un cuarto de su población sale de sus fronteras en busca de nuevas oportunidades.

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Le siguen en la lista Nicaragua (11%), Honduras (7%), Guatemala (6,5%), Panamá (4%) y Costa Rica (3,5%).

Estas cifras están arriba del promedio de los países desarrollados, en donde un 2% de la población emigra.

El FMI resalta que el envío de dinero de los emigrantes a sus familiares en sus países de origen ayuda a dinamizar la economía de la región, ya que en comparación con países sudamericanos como Paraguay y Uruguay, las remesas centroamericanas son más cuantiosas.

El líder de remesas de la región es Honduras, que a 2015 cerca del 20% de su producto interno bruto provenía del dinero enviado desde el exterior por emigrantes.

Los motivos por los que estas personas dejan sus países son la búsqueda de nuevas oportunidades y un entorno más seguro donde vivir.

“Sin embargo, en algunos casos, el efecto sobre las personas que se quedan en los países de origen puede ser negativo, pues los migrantes tienden a ser jóvenes y, tal vez, altamente calificados (médicos, enfermeros o ingenieros) y su partida perjudica el potencial económico del país”, reseña el FMI.

El destino favorito de los emigrantes de la región es Estados Unidos, donde dos tercios de esta población estudia o trabaja.

Cabe destacar que de los inmigrantes centroamericanos en Estados Unidos, solo un 23% tiene estudios universitarios, un 29% terminó la secundaria y la gran mayoría (48%) ni siquiera terminó el colegio.

La emigración de personas en edad laboral reduce la fuerza de trabajo y debilita el crecimiento del país de origen, y este efecto tiende a ser más intenso en las naciones que enfrentan una fuga de cerebros, concluye el FMI.

Empero, este fenómeno se ve compensado por los ingresos significativos en remesas que experimentan los países de la región, dinero que estimula el consumo, sobre todo en situaciones económicas difíciles.

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