Francisco Villalobos

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Martes 3 Agosto, 2010


Regular intereses de tarjetas de crédito


Un proyecto de ley, heredado de la legislatura anterior, pretende poner un tope a los montos que las entidades crediticias puedan cobrar en intereses a los tarjetahabientes. El tema es de interés nacional aunque no lo parezca y merece algunos comentarios y atención especialmente ante la reciente reforma legal al sistema financiero en Estados Unidos.
Digo esto pues lo que ocurrió en Estados Unidos, entre otras cosas, es la generación de conciencia respecto de la importancia que tiene la regulación del crédito. Estados Unidos gastó más de lo que tenía, infló ficticiamente el valor de los activos de los hogares y el sistema, sin más regulación que lo que pudiera venderse, llenó de consumo, de vacaciones, artefactos y aparatos, a los otrora ahorrantes convertidos entonces en consumidores.
El exceso de liquidez genera mayor consumo y este empuja la demanda y luego entonces la inflación. Cuando tal consumo no se basa en capacidades económicas reales se convierte en una bomba de tiempo pues tarde o temprano alguien tiene que pagar los platos rotos y usualmente, no son los que otorgan los créditos. Visto así, el exceso de crédito otorgado a personas que no cuentan con suficiente entendimiento del comportamiento de las tasas de interés, o de los apalancamientos y que nunca antes han ahorrado, hace preguntarnos quiénes pagan los platos rotos cuando irremediablemente los tarjetahabientes primerizos, inexpertos o irresponsables, llenen sus disponibles de crédito: parece que otros tarjetahabientes que sí pagan, y especialmente los que más pagan intereses.
Una considerable cantidad de los que tenemos tarjetas de crédito, asumo, pagamos usualmente los mínimos o un poco más, y terminamos al final del año pagando más intereses que capital. Y eso justifica entonces el margen de riesgo de los tarjetahabientes primerizos, inexpertos, inconscientes y claro, también los irresponsables.
Esta claro que el Estado no debería ni debe inmiscuirse en los asuntos privados y debe solo regular ahí donde haya peligro, usura o riesgo de llevar a la quiebra a una economía, como sucede ahora en Europa y en Estados Unidos. No parece que sea sabio que a las entidades financieras deba imponérseles un tope en lo que cobran por intereses pero sí parece prudente que se les exija el mismo ahínco en investigar a quienes les otorgan tarjetas, como se les exige al entregar otros tipos de crédito.
Y por encima de todo, nuestra sociedad debe hacer un esfuerzo por inculcar el hábito del ahorro y no el delicioso vicio del consumo, que como el chocolate, nos hace entrar en un círculo de bienestar temporal y pasajero, hasta que comemos más y más y más y luego, estamos con tanto colesterol que ya no podemos hacer más que cortar, con una tijera llena de furia, el plástico. Demasiado tarde.

Francisco Villalobos