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COLUMNISTAS


Refundando la democracia

Arnoldo Mora [email protected] | Viernes 05 febrero, 2016


Refundando la democracia

El próximo domingo se celebrarán elecciones de medio período con el fin de que los ciudadanos escojan democráticamente a los alcaldes, a los miembros del Concejo Municipal y a los síndicos de los 81 cantones que llenan la geografía nacional. Se trata de un ejercicio de la democracia electoral de gran importancia y que reviste ciertos rasgos relativamente novedosos en nuestra tradicional vida política; razón por la cual los costarricenses debemos tomarlo muy en serio; tanto más cuanto que todo parece indicar que, una vez más, el ciudadano medio no ha percibido el significado que, para LA DEMOCRACIA REAL, revisten estas elecciones. Esa es la sensación que se tiene cuando se siente el ambiente tibio, por no decir impregnado de indiferencia, que muestra el ciudadano; a pesar de que el TSE, los partidos y los candidatos han desplegado un patriótico esfuerzo con el loable propósito de incitar a los votantes a acudir masivamente a las urnas. Espero que este despliegue propagandístico haya encontrado oídos receptivos en un creciente número de ciudadanos, con el fin de fortalecer lo que siempre he considerado como el pilar más débil de nuestro edificio democrático como es el poder local.
La democracia comienza en casa. La democracia no debe ser vista como un astro que brilla en un espacio lejano. La democracia no es un espectáculo a contemplar como un cielo estrellado en una noche sin luces artificiales. La democracia es como el aire que respiramos: nos rodea y nos envuelve, impregna nuestra dermis y nuestra epidermis aunque no lo percibamos. El ejercicio cotidiano de las libertades democráticas es lo que da vida a nuestros valores más caros: los derechos humanos. La democracia comienza en nuestro barrio, en nuestras localidades más cercanas, allí donde compartimos alegrías y penas con nuestros seres queridos, donde crecen nuestros hijos y mueren nuestros deudos, donde comemos y dormimos.
La institución que más cercanamente vela por la aplicación de estas normas constitucionales, que hace que la vida sea algo más que una supervivencia y la convierta en una convivencia civilizada, esa institución fundamental que aglutina a los ciudadanos y que se originó en los ayuntamientos castellanos, es la MUNICIPALIDAD. Grave debilidad de nuestro sistema democrático es la indiferencia que el ciudadano medio muestra hacia esa institución democrática por excelencia como son las municipalidades. A veces uno tiene la sensación de que a las municipalidades, más que valorarlas, se las tolera con más resignación que entusiasmo; muestra de que no hemos tomado conciencia de su carácter imprescindible para la institucionalidad democrática. No hay democracia sin un poder local dinámico. Pero si se quiere que las municipalidades se preocupen por nuestro bienestar cotidiano, TODOS los ciudadanos debemos mostrar que nos interesan porque cuentan en nuestras vidas. Para ello lo primero que debemos hacer es organizarnos en nuestras comunidades, proponer a los partidos y sus candidatos una lista de inquietudes y demandas y exigir que sean parte de su programa de gobierno. Solo comunidades vivas y activas, organizadas en vistas del bien común, lograrán que haya municipalidades que funcionen. Votando estaremos refundando la democracia.


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